A VIVA VOZ
Pedro A. Rosado
La señora juez titular del Juzgado número 2 de los de Primera Instancia e Instrucción de Talavera ha dictado sentencia. Aunque la denuncia de Arnanz SA respecto a los perjuicios que el edificio en construcción de El Corte Inglés ha ocasionado a las instalaciones de Confecciones Mary está justificada, no ha lugar a la paralización de las obras y éstas pueden seguir a toda máquina, como hasta ahora, con lo que el centro comercial estará abierto, Dios y don Isidoro Alvarez mediantes, el próximo mes de mayo; en cualquier caso, si se cumple el calendario previsto, antes de las elecciones municipales y autonómicas que se han de lllevar a cabo el día 27 de ese mismo mes. O sea, el 27-M.
Con la sentencia judicial favorable a los intereses de la multinacional de los grandes almacenes, pese a que la propia juez en su sentencia reconoce que el daño denunciado por Arnanz SA existe y que ‘el mal ya está hecho’, se culmina un episodio más de esta auténtica ‘obra de locos’ en que se ha convertido, con el paso del tiempo y la sucesión de acontecimientos, el proyecto de mayor envergadura que ha acometido Talavera en los últimos lustros. Un adjetivo éste -el de ‘obra de locos’- que no parece gustar ni mucho ni poco en la Plaza del Pan, aunque debían reconocer algunos miembros del Gobierno Municipal que, a fuer de sinceros, no se trata de ningún calificativo sino de una definición. Porque cómo si no vamos a definir un proyecto que se basa en la adjudicación a empresas privadas de los terrenos públicos más valiosos del patrimonio municipal a cambio de la ejecución de un proyecto que, cuando se firmó el acuerdo, no se sabía en qué consistía, ni cuánto valía, ni en qué fecha ni, mucho menos, con qué plazo se tenía que terminar.
Obra de locos, sí, aunque les pese a algunos, cuyo proyecto inicial en lo referente a las infraestructuras públicas -léase túneles de acceso y salida a la estación, por ejemplo- se ha ido modificando, variando y moldeando sin que se haya explicado convenientemente la causa de tales cambios, que siempre han supuesto -vaya por Dios- una sensible rebaja en el presupuesto final de la obra a realizar por los concesionarios del solar en cuestión y beneficiarios del correspondiente convenio. Obra de locos, en fin, en la que el Gobierno Municipal, probablemente sorprendido en su buena fe y posiblemente hipotecado por su compromiso con El Corte Inglés y el beneficio que su instalación en Talavera pueda suponer para la ciudad en general, ha ido a remolque de los beneficiarios del convenio, que sólo lo han entendido a beneficio de su conveniencia.
Obra de locos en la que el ‘menos de año y medio’ de trabajos previstos en la misma -con su correspondiente cierre al tráfico de la zona- se ha convertido en la realidad de más de tres años de perjuicios no sólo para los comerciantes directamente afectados, sino también para todos los vecinos de Talavera, que han padecido en sus carnes y bolsillos las consecuencias de la falta de definición y de ganas con que los adjudicatarios del ‘solar de oro’ afrontaron inicialmente sus responsabilidades; apatía favorecida por el ya citado error municipal de no concretar el plazo de ejecución de los viales, de la nueva estación de autobuses y del párking correspondiente, con todos los perjuicios que ello ha conllevado y que nadie va a pagar al margen de los de siempre: los ciudadanos.
Obra de locos, en fin, en la que la pavimentación de un vial tan importante para el tráfico del centro de la ciudad como el izquierdo de la avenida de Salvador Allende puede estar paralizada durante varios meses por un quítame allá esas certificaciones entre dos empresas y ante el que, cuando el asunto ve la luz por denuncia de esta semanario, la única explicación que se da es negar la evidencia; como ha hecho Invoga, que aun dice que no debía nada a Gupyrsa. ¿Entonces por qué ésta taponó la calzada con sus máquinas? ¿Nadie lo va a explicar? Una de dos: o estamos locos o somos tontos...