Opinión
SUSPIROS DE ESPAÑA
EL "PARTE" DE... Víctor Manuel Fernández
La temperatura media de la Tierra subirá en cuatro grados. El hielo de los polos se derretirá. El nivel del mar subirá más de medio metro en la cuenca mediterránea. En España las lluvias cada vez serán más escasas y torrenciales; y la desertización será implacable. Y todo esto ya es irreversible. No se parece en mucho al Apocalipsis descrito por San Juan, pero hay que reconocer que el ser humano se lo ha currado. Nada de cataclismo universal, no hace falta si tenemos al hombre sobre la faz de la tierra. Los incautos todavía piensan que a ellos no les va a tocar con lo cuál ejercen su derecho de irresponsabilidad histórica para con el ser humano. Hay quien piensa que el planeta no sobrevivirá al ser humano; se equivocan. Será el propio ser humano el que no se sobrevivirá a sí mismo.
Con este panorama para los próximos cien años es normal que alguno se haga teleadicto; argumentos no le faltan. Hemos hecho carroña alimenticia de la vida de los famosos, famosotes del tres al cuarto y arrimados de turbios méritos; incluso hemos metido en un inmueble durante tres meses a lo mejorcito de cada casa. Ahora damos un triple salto mortal con tirabuzón y nos sacamos de la chistera "el polígrafo" o "el detector", dependiendo de la cadena de televisión y de quién lo pusiera antes en antena. Básicamente esto va de que por un módico precio el famoso de turno se enchufa unos cables y le hacen preguntas delicadas a la par que escabrosas para que le digan que miente como un bellaco y la cohorte de opinadores del programa le pinte la cara. Entre el cambio climático y esto convendrán conmigo que no cabe elección... O sí, porque nos queda la baba de caracol rejuvenecedora de las teletiendas. Seguro que la han visto.
Yo sometería al polígrafo infalible ése a los encargados de medir la asistencia de personas a las manifestaciones a favor del Gobierno, contra Zapatero, por las víctimas del terrorismo, contra el diálogo, por la negociación, por la paz, etc... En la del pasado sábado la diferencia oscila entre el millón y medio de la Comunidad de Madrid y los casi 200.000 de la Delegación de Gobierno. Por cierto, manifestación convocada bajo un determinado lema pero que acabó siendo un alegato contra el Gobierno de ZP, himno de España incluido al final. Al margen de que esto último ya lo declaró ilegal el propio Aznar que sí estaba en esta manifestación, la calle es libre y cada uno puede gritar a los cuatro vientos lo que le plazca. Pero da pena. Da pena ver la fractura social de este país por culpa de un tema que debería ser principal eslabón de unión; pero no es así, la masa es fácilmente manipulable y esto lo saben quienes mejor saben hacerlo.
Hubo otra manifestación la pasada semana; tuvo lugar en el País Vasco y fue en respaldo al lehendakari Ibarretxe que al día siguiente entraba a declarar por haberse reunido el pasado año con la ilegalizada Batasuna. Manifestación de apoyo al lehendakari en la que no estaba el lehendakari. ¿Querrá esto decir que Ibarretxe no apoya al lehendakari? No, es que no quedaba bien. Como tampoco queda bien, -y hago un llamamiento a las mentes preclaras convocantes de estas marchas-, que cada vez los eslóganes de las pancartas sean tan largos. O dejamos de enfrentarnos y nos ponemos de acuerdo, o no nos llega la tela de la pancarta para la cabecera con tanto lema rebuscado.
Para arreglar la crispación nacional sólo faltaba que atacaran directamente a uno de los emblemas de nuestra cultura mediterránea: el vino. Bueno, también le han tocado el tricornio a la Benemérita por ese de concentrarse de uniforme, pero eso es otra historia. El bendito caldo fermentado de la uva se quiere por deseo ministerial que forme parte del paquete de medidas contra el consumo de alcohol en los jóvenes. Todo lo que sea impedir el alcoholismo juvenil es plausible, pero hagamos las cosas con cierta dosis de sentido común que, la verdad, es el menos común de los sentidos.