Tras la entrega al rector de la Basílica, Felipe García-Díaz Guerra, de las ofrendas elaboradas para la Virgen del Prado por las entidades y ayuntamientos que dieron vida al gran cortejo, el histórico ceremonial dio comienzo con el traslado de los miembros de la Corporación talaverana al altar mayor, a los pies de la patrona de la ciudad. A renglón seguido, alcalde y rector acompañaron a este mismo lugar al presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, y demás autoridades presentes, entre las que tambièn se encontraba la presidenta del Gobierno regional, la talaverana María Luisa Araujo.
Después, José Francisco Rivas revivió con el resto de alcaldes, uno a uno, el rito del intercambio de bastones, en cuyo origen el regidor talaverano entregaba su bastón de mando al más antiguo de los presentes y éste presidía los fastos de toda la jornada.

Hoy, cada alcalde entrega su bastón y recibe otro con empuñadura de cerámica, concluyendo con el intercambio entre el de Talavera y los de Mejorada, Segurilla, Pepino y, finalmente, Gamonal, como agradecimiento a unas poblaciones que mantuvieron viva la llama de las Mondas durante años en los que corrió el riesgo de morir de olvido.
Cuando todas las autoridades habían ocupado su lugar a los pies de la Virgen del Prado, entró al templo la última de las ofrendas, el carrito de romero adornado con banderitas de colores tirado por los carneros de Gamonal. Fue entonces cuando primero el alcalde de Talavera y luego el rector de la Basílica expresaron públicamente sus ofrendas, solicitando ambos la intercesión de la patrona en estos tiempos de crisis que nos está tocando vivir.
