EL CRITICÓN
Julio Martín
Hombre, no es por cortar el rollo y la euforia a los que están vendiendo la cuestión como una genuina marca gubernamental 'made in Lago', pero la verdad es que absolutamente todo lo que está anunciando y prometiendo el flamante alcalde de Talavera respecto a atención y participación ciudadana ya está contemplado y articulado en la Ley de Grandes Ciudades, a la que nuestra ciudad está acogida desde el año 2004 nada menos. Oséase, que si Gonzalo Lago lleva a cabo lo anunciado en su discurso de investidura, lo de crear un área especial de atención ciudadana por ejemplo, no estará haciendo otra cosa que cumplir la ley. Que no digo yo que sea poco ¿eh?, tal y como está el patio patrio al respecto, pero tampoco más.
Porque es la citada Ley de Grandes Ciudades la que contempla la creación en las urbes a ella acogidas de una Comisión Especial de Sugerencias y Reclamaciones cuyo espíritu puede identificarse, más o menos, con ese área especial anunciada a bombo y platillo por Lago y en la que, por lo oído, cualquier talaverano podrá exponer personalmente y ante la autoridad competente sus problemas, propuestas e ideas. Es decir, las sugerencias y reclamaciones tipificadas en la ley de marras.
Otra cosa es, claro, que muy poco se haya sabido, o querido saber, hasta el momento de esa Comisión y que sea Lago el primero en comprometerse a que todo talaverano que se persone en el Ayuntamiento con ánimo sugestivo o reivindicativo, será inmediatamente atendido por un concejal e incluso, si es menester, por el mismísimo alcalde. Compromiso muy arriesgado, por otra parte, por simples cuestiones de tiempo y espacio, debido a las muchas obligaciones internas y externas que se suponen a los concejales con mando en plaza. Este humilde criticón se permite recomendar a los curritos municipales, por si acaso, que repasen guiones funcionariales tan ancestrales y recurrentes como "está reunido", "comunica", "pues estaba por aquí", "no está en la casa', "espere ahí un momentito" o, final y fatalmente, "vuelva usted mañana". El manual básico, vamos.
En cualquier caso y pase lo que pase en el novedoso recibidor consistorial, respecto al que ya advierto que habrá que llamar a los geos para echar a algunos que yo me sé de allí, el alcalde puede profundizar aún más en su confeso espíritu participativo con la instauración -’como es debío’, que dicen en mi pueblo- de ese Consejo Social de la Ciudad también contemplado en la Ley de Grandes Ciudades y que está facultado para emitir informes, estudios y propuestas en materia de desarrollo económico local, así como para participar en la planificación estratégica y en los grandes proyectos de la ciudad. No ese Consejo Ciudadano de amén y sí señor que ha estado funcionando por estos lares, sino un verdadero órgano social que represente a toda la ciudadanía y que tenga poder decisorio en los asuntos que a todos nos incumben. Ahí sí triunfaría el señor Lago. Y en nombre de la ley, para más inri.