EDICIÓN 609
30 de mayo de 2020, 4:20:32
Opinión

CON M DE MUJER


Las Evas y algunas falsas 'verdades' sobre el sexo

M. L. Ventura



Jueves 15 de Noviembre de 2018.

Siempre se ha dicho que los hombres tienen mayores necesidades sexuales que las mujeres; sin embargo, según los estudios realizados por expertos, esto no es así.

Lo que realmente ocurre es que los hombres lo manifiestan más abiertamente porque ellos no han tenido represión en ese aspecto. La educación es la que define la importancia de la sexualidad, aunque biológicamente la necesidad es similar para ambos sexos.

Por ejemplo, se ha presupuesto que las mujeres no ven porno, y que si lo ven no se estimulan visualmente; o que esperan que sus encuentros sexuales estén llenos de ternura, con conexión emocional y con un nivel de “respeto” determinado hacia según qué actos; pues bien, según los investigadores de este campo, esto es un pensamiento erróneo claramente influenciado por la educación recibida.

En realidad el cuerpo de la mujer también siente esa necesidad, porque es una función orgánica más; otra cosa es que las convenciones sociales y los estereotipos hayan tachado de inapropiada toda conducta femenina orientada a dar rienda suelta al disfrute sexual.

Potencialmente, a cierta edad mujeres y hombres tienen menos interés por el sexo, no sólo porque los años ponen barreras físicas donde antes no las había sino porque, en el caso de las mujeres, en teoría éste nunca fue importante para ellas.

Esto no es cierto, pues lo que sucede en realidad es que con la madurez se da valor a otros aspectos que sólo con los años somos capaces de priorizar, lo que no significa que la vida sexual deba dejarse al margen o tenga que desaparecer pues, según los expertos, si esto ocurre es porque la monotonía, la falta de complicidad, el tedio y otros factores han hecho mella en la pareja.

La vida sexual debe seguir siendo parte importante en nuestras vidas, aunque la frecuencia disminuya.

Todo este tipo de “mala educación femenina” ha sido, y desgraciadamente aún sigue siendo, muy conveniente para el género masculino, ya que tales estereotipos convirtieron la sexualidad de la mujer en territorio insondable, destinada sólo a procrear. En realidad se convirtió en una preocupación constante, que ha llevado a muchas mujeres a sentirse ansiosas, culpables e inseguras durante toda su vida.

El miedo a un embarazo no deseado o, al contrario, al deseo de un embarazo que no llega, en el que además hasta hace apenas unas décadas siempre la “culpable” era la mujer; el temor a no poder satisfacer adecuadamente al hombre, o a parecerle “demasiado experta”; la llamada moral sexual, que lleva a legitimar el hecho de que en los hombres la promiscuidad sexual sea un valor y en las mujeres reprobable (es cierto que esto va desapareciendo, pero ha dejado tales secuelas sociales que, sumada a las inseguridades personales han minado la felicidad de millones de mujeres); el miedo a contraer enfermedades; a decir sí demasiado pronto; a temer que alguna parte del cuerpo sea motivo de burla (sorprendentemente ésta parece ser una de las mayores preocupaciones de las mujeres, claramente debida a la gran influencia que tienen las modas en nuestra forma de percibirnos más o menos deseables)...

Todo ello ha sido y sigue siendo un cúmulo de limitaciones que acaban por producir tal nivel de ansiedad que han sido y son capaces de bloquear el fluir original de un hecho que, por naturaleza, ha de ser la antítesis del control porque nace del cuerpo de manera espontánea, involuntaria y descontrolada.

Es lamentable que muchas mujeres nunca consiguieran llegar al orgasmo tanto por esas razones como porque el estímulo recibido de su pareja fue ineficaz o sencillamente nunca existió. Según parece y afortunadamente, estos estereotipos van desapareciendo y la sexualidad hoy está considerada una función natural de nuestro cuerpo.

Pero no se abatan porque todo tiene solución; para esos casos que perduran en el tiempo, los expertos aconsejan no obsesionarse con ello sino visitar sin reparo a los profesionales adecuados; no tener sexo demasiado pronto con otras personas sin conocer nada de su vida, ya que el desconocimiento del otro y la comunicación insuficiente impiden preguntar abiertamente; no tener prisa antes, ni durante, ni después del encuentro sexual; utilizar siempre preservativo, por ser el método de barrera de mayor eficacia; y, sobre todo, aprender a disfrutar de las sensaciones, relajarse, darse permiso tanto para llegar al orgasmo como para no llegar, centrarse en el placer sin juzgar ni juzgarse... y dejar que la naturaleza siga su curso.

En definitiva, desproveámonos de estereotipos, olvidémonos de cánones de belleza, tallas e imposiciones en general, que tienen más que ver con el negocio de las modas que con la realidad, pues si echamos la vista atrás veremos como el concepto de belleza es relativo y ha ido perdiéndose y asomando en el rulo del tiempo.

Debemos pensar en nosotros mismos como personas aptas y atractivas, porque todos lo somos, y entender que la belleza se basa más en nuestra actitud que en nuestra estética; y, por encima de todo, debemos aceptar la sexualidad como una parte más de nosotros mismos, sin desigualdades, juicios ni discriminaciones. No olvidemos que una buena información y una sólida educación, también en este aspecto, son fundamentales para nuestro equilibrio físico y emocional.

¡Que ustedes lo disfruten!

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