EDICIÓN 609
30 de mayo de 2020, 4:43:19
Opinión

CON M DE MUJER


Rebajas, rebajas, rebajas

M. L. Ventura



Jueves 10 de Enero de 2019.

Después de los excesos navideños, todos los años cuando llega enero la mayoría de los españoles invariablemente acudimos a las rebajas, y es el día después de Reyes la jornada elegida para que decenas de personas se aglomeren en los comercios a realizar cambios, devoluciones o hacerse con aquel artículo al que ya habían echado el ojo y que ahora podrán conseguir a un precio menor.

Aunque las rebajas de enero y julio son una tradición, la realidad es que revisten más carácter simbólico que real ya que, desde que se liberalizaron los periodos para las bajadas de precio en el sector del comercio, la cartelería de descuentos se puede ver en los escaparates durante cualquier época del año.

Visto así, las rebajas no sólo favorecen a las tiendas que buscan dar salida a sus artículos, sino también a los compradores, que pueden beneficiarse de obtenerlos a precios muy reducidos.

Sin embargo, no siempre es oro todo lo que reluce y las organizaciones de consumidores cada vez alertan más de que las rebajas suelen venir acompañadas de confusión, alborotos y... embelecos varios.

Pongamos de ejemplo que usted visita una tienda de ropa pensando que aquella prenda de buena calidad que tanto le gustó la encontrará ahora a un precio mucho más bajo, pero ¡ah, decepción!, se encuentra con que ya no está; no es que no quede su talla, es que el modelo en todo su tallaje ha desaparecido, ¡puf!, se ha esfumado.

El vendedor le dirá que ha gustado mucho y que “se lo han quitado de las manos”, entonces usted deambulará por la tienda a ver si ve algo que le guste para resarcirse de la desilusión y se topará con otros artículos que no tienen tanta calidad y que no le gustan tanto, pero que acabará por comprar porque resulta que “tienen un gran descuento”.

Pues sepa usted que esto es una treta de mercado, una artimaña. ¡En cristiano y español: una trampa!

En realidad la prenda que usted buscaba está a buen recaudo, aguardando para salir a su precio normal o incluso más alto en cuanto sea el momento adecuado, y que usted está siendo manipulado para comprar productos específicamente fabricados para la temporada de rebajas, cuyo coste de producción para el comerciante resulta bastante más bajo y que obviamente le dejarán un mayor margen de beneficio.

Según un informe realizado por FACUA, la ONG española dedicada a la defensa de los derechos de los consumidores, nueve de cada diez compradores detectan rebajas falsas tales como precios inflados durante las semanas previas para después aplicar falsos descuentos; empapelado de escaparates con llamativos porcentajes que no se corresponden con la realidad; mezcla de artículos rebajados con otros que no lo están, con cuyo precio nos sorprendemos desagradablemente al llegar a caja tras aguantar una larga cola de personas; el típico “todo desde” con un “desde” tan minúsculo que apenas se lee...

En fin, multitud de chascos, argucias y fullerías, que ponen de manifiesto que la experiencia de las rebajas no siempre resulta gratificante ni rentable para el consumidor y que, cada día más, nos muestra la cara de una sociedad que presume de moderna, progresista y solidaria, pero que a resultas apenas parece tener en cuenta principios éticos.

Para evitar chascos y no pecar de ignorantes, sepan que la Ley de comercio establece una serie de normas tales como que los productos deben haber formado parte de la oferta habitual del establecimiento al menos durante un mes, que la calidad ha de ser la misma que antes de la rebaja, que el mínimo de artículos ofertados ha de ser del 50% de todos los que hay en la superficie de venta, que las condiciones especiales son legales siempre y cuando se indiquen expresamente y de forma clara...

Por otro lado, las organizaciones de consumidores animan a denunciar todo aquello que consideren potencialmente engañoso, así como a establecer un presupuesto personal previo, que les ayudará a no sorprenderse negativamente con el saldo de sus cuentas a final de mes.

Aunque no todos los comerciantes son engañosos, si es cierto que somos una sociedad acelerada, cuya motivación se basa más en la presión publicitaria que en la educación moral y cuyo día a día es el consumo irracional, despilfarrador y salvaje, que no tiene en cuenta ni la explotación de la mano de obra en los países menos favorecidos ni el agotamiento de los recursos naturales de nuestro planeta; es por ello que vamos encaminados a tropezar cada vez más con este tipo de vida engañosa y fraudulenta, en la que el buen proceder acabará por quedar extinto.

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