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La Ermita de la Virgen del Prado cumple 20 años como Basílica

Si hay algo que los ta­laveranos no cuestionan es su devoción a la Virgen del Prado, que reviven en cada feria, en la que la Ermita-Basílica se convierte en lugar de visita obligada para todos los fieles y muchos que no lo son. Durante los últimos tiempos, ese amor y esa devoción ha ido en aumento, hasta el punto de que la propia Virgen ha sido coronada como Nuestra Señora del Pra­do y su morada, la que por su grandeza mereció que el monarca Felipe II la bautizara con el sobrenombre de ‘Reina de las Er­mitas’, ha merecido la distinción de Basílica por parte de SS el Papa Juan Pablo II. El pasado mes de febrero se cumplieron 20 años de tal distinción; la efemérides pasó sin pena ni gloria en nuestra ciudad, pero no para LA VOZ de Talavera, que en este artículo revive la pequeña historia del santuario mariano con el artículo que en el Especial Siglo XX escribió Susana Carche­nilla, que a continuación reproducimos.
El siglo XX en Talavera ha estado repleto de acontecimientos de suma relevancia en lo que se refiere al as­pecto religioso. La Pa­tro­na de los talaveranos, la Vir­gen del Prado, ha estado siempre presente como centro de estos actos y conmemoraciones bien sea en su ermita, que como ella ha sido protagonista este siglo, o en sus tan escasos como emotivos recorridos por las calles.
Talavera se ha volcado siempre y en todas las ocasiones en fiestas y homenajes rendidos a la Patrona, como es el caso de las salidas de la Virgen de su Ermita, que siempre han supuesto una muestra de la enorme intensidad religiosa y el fervor popular a su imagen. Pero se anhelaba algo que era evidente, un título del que el templo de la Virgen del Prado era merecedor: el de Basílica pa­ra la Ermita de la gran Reina de Talavera.
La concesión de este título para la Ermita del Prado ha sido uno de los grandes hitos que se han producido durante el pasado siglo.
El proceso para la conversión de la que ya Felipe II consideró ‘reina de las Ermitas’ en Basílica se inició con la carta que el Cardenal Arzobispo de Toledo y Primado de España, don Marcelo González Marín, envió el 21 de Noviembre de 1986 a su San­tidad el Papa Juan Pa­blo II, en la que manifestaba el sentir popular al que se unía para solicitar el deseo de que la Er­mi­ta-Santuario de Nuestra Señora del Prado fue­se declarada Ba­sílica Menor.
Esta distinción, la más prestigiosa que puede conceder la iglesia, fue otorgada al santuario ma­riano talaverano por el Santo Padre el 14 de Fe­brero de 1989. Así lo señala la bula pontificia sellada con el anillo del pescador y refrendada por el cardenal Ca­saroli, secretario de Estado, que fue escrita en lengua latina. En ella el Papa significaba el amor filial de los habitantes de la ciudad de Tala­vera a la Virgen Ma­ría y anunciaba que accedía a la petición del arzobispo de To­ledo en el deseo de que el templo brillase con el mayor esplendor en el futuro.
Como día de fiesta se celebró en la ciudad la promulgación del título con la correspondiente ceremonia religiosa a cargo del obispo auxiliar y vicario general de To­ledo, Rafael Palmero Ramos, el día 4 de Noviembre de 1989 en la ya Basílica de Nuestra Se­ñora del Prado, que el 30 de Mayo del año 1957 había sido coronada como tal.
En aquellos días de 1989 to­da la ciudad vivió sentimientos difíciles de explicar con palabras: alegría, satisfacción, excita­ción... Unos sen­ti­mien­tos que, a pesar de quedar en el re­cuerdo por pertenecer al pasado, aún siguen vigentes en la memoria gracias a la solemnidad de la misa que el arzobispo de Toledo y cardenal primado de España, don Marcelo González Martín, concelebró jun­to a otros treinta sacerdotes de la ciudad, durante la cual se inauguró oficialmente la flamante Ba­sí­lica, con lo que se ponía broche de oro a toda una semana festiva en Talavera y se recibía el merecido premio al trabajo denodado que hasta conseguir para la Ermita la categoría de Basílica había realizado el rector del santuario, Don Manuel Sáinz-Pardo Moreno.
La ermita del Prado se convertía así, y tras la celebración que merecía, en Ba­sílica Menor. Este título llena de es­pecial orgullo a los talaveranos, ya que se otorga sólo a ciertas iglesias que por su singular importancia y dignidad gozan de especiales prerrogativas. Así, el título de Basílica Me­nor distingue a la ermita de Nues­tra Señora del Prado de las de­más por este privilegio honorífico y esta singular distinción concedida por el Romano Pon­tífice que hace a nuestro templo estar bajo la protección apostólica.
Aunque tuvo lugar en la década de los 80, este hecho vino a refrendar el amor sin límites que los fierles de Ta­lavera y la Comar­ca han profesado a su Patrona a lo largo de los siglos y el cariño y devoción que los talaveranos muestran y demuestran a su Vir­gen durante todo el siglo XX.
Además de lo dicho, la Virgen del Prado ha sido protagonista de otros hechos relevantes durante el siglo XX, a saber:
En la primera década del siglo se produjo la confirmación de la propiedad o patronato de la Ermita de Nues­tra Señora del Prado por parte del Ayun­tamiento. En sesión plenaria celebrada por la Corporación Muni­ci­pal el 16 de Marzo de 1908, la Co­misión de Culto y Clero daba cuenta de que, exa­minados los documentos existentes en el Archivo Municipal referidos a la Ermita, se había encontrado uno del arzobispo de Toledo, de 1480, en el que no se dejaba duda de dichos derechos a favor del municipio. Por tanto, quedaba demostrada la propiedad del Ayun­tamiento sobre la Ermita, que por eso era de todos los talaveranos.
Ya en 1939, y gracias a los favores concedidos por la Santísima Virgen, es­pecialmente du­rante la Festividad del Pilar de 1938, cuando la ciudad fue cañoneada durante largas horas sin que se produjeran más da­ños que una víctima, el Ayuntamiento, que por entonces pre­sidía el conde de Pero­moro, nombró a la Virgen del Prado Alcaldesa de Honor. Desde entonces y hasta el año 1977, se vino celebrando en el camarín de la Virgen cada 12 de Octubre una so­lem­ne sesión simbólica bajo su Pre­si­dencia. Los concejales de ma­yor y me­nor edad volvían la sa­grada imagen hacia el camarín, se rezaban las preces y el alcalde daba cuenta de las rea­­lizaciones del año transcurrido y de los proyectos para el siguiente.
En 1954, el 8 de Diciembre y como punto final al Año Santo Mariano, se celebró un acto solemne en la Ermita durate el que se impuso la Medalla de Oro de la Ciudad a la Virgen. Era sólo un anticipo de la grandiosa celebración de la Coronación de Nuestra Señora del Prado, el 30 de Mayo de 1957. Perso­na­li­dades ilustres de a­que­lla época, co­mo doña Carmen Polo de Franco, esposa del Jefe del Estado, que actuó como madrina de la ceremonia, y el ministro de Justicia, An­to­nio Iturmendi, acompañaron a la Vir­gen en su glorioso día en un acto que estuvo presidido por el alcalde talaverano, Gre­gorio de los Ríos, y en el que actuó como pregonero de honor Gre­gorio Corrochano.
Y en Mayo de 1979, siendo alcalde Jesús García de Castro, ante los rumores de que la Ermita podría ser cerrada al culto por amenaza de ruina del techo y su cubierta, comenzaron a aportarse ayudas para la necesaria y urgente restauración de la iglesia. Las suscripciones populares fueron un éxito y se recaudaron más de 22 millones de pesetas, lo que aparte de una considerable ayuda económica para la reparación -al final el coste de la obra superó los 49 millones pero el constructor, Res­­tituto Calvo, dio las máximas facilidades pa­ra su pago además de abaratar considerablemente el presupuesto-, constituyó, como no podía ser menos, una prue­ba más del innegable amor que los talaveranos sienten por su Virgen y Patrona.
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