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EL CRITICÓN

¡La Felicidad, ja, ja, ja!

¡La Felicidad, ja, ja, ja!

Julio Martín

jueves 31 de julio de 2014, 11:22h

Martes 22 de Julio de 2014.

Se conoce que, visto lo poco que el vil capitalismo viene aportando a la famélica causa local, la oficialidad reinante talaverana ha decidido tirar por la calle de en medio y, con la misma, apuntarse al etéreo holismo. Teoría que por estos lares toledanos podríamos rebautizar como ‘bolismo’, de tonto del bolo, y que propugna la concepción de la realidad como un todo distinto a la suma de las partes que lo componen.

Doctrina que obtuvo marchamo institucional e internacional cuando el rey de Bután cambió en 1972 el Producto Interior Bruto (PIB) por la Felicidad Interna Bruta (FIB) como indicador prioritario de la empobrecida economía de este país asiático, en un hilarante intento de esconder la miseria individual bajo una hipotética felicidad nacional, y que se ha hecho recientemente carne oficial en este territorio comanche a través de la celebración de las I Jornadas de la Felicidad impulsadas por el Consistorio talaverano y la Universidad regional.

Oséase que cuando la suma de las partes que componen la actual y triste realidad talaverana apunta a que nuestros gestores deberían promover acciones y foros en pro del empleo, del respeto a los mancillados derechos ciudadanos, de la defensa del Tajo como recurso socioeconómico o de la propia subsistencia de algunos de nuestros más tiernos infantes, resulta que a lo que se dedican es a cabalgar sobre el holismo/bolismo para hurgar estérilmente en ese ilusorio todo de felicidad que, paradójicamente, ellos pulverizan a diario con sus normas, actuaciones y decisiones.

En esta holista/bolista dinámica, un escogido y respetable grupo de profesionales se han dado cita en el Centro Cultural Rafael Morales para intentar mostrarnos los caminos globales que hacia la felicidad al parecer existen, por encima, por debajo o en la entreplanta del sinfín de situaciones injustas e infelices que la puta base ciudadana viene sufriendo en materia laboral, asistencial, educativa e incluso expresiva, como bien demuestran las multas gubernamentales contra cualquier bicho viviente o superviviente que protesta, exige y discrepa.

Por eso y por mucho más, en estos barrios criticones se está extendiendo el convencimiento de que lo que verdaderamente nos administra y adjunta la propaganda oficial con estas kafkianas jornadas no son dosis de felicidad, sino de resignación. De agachar la cabeza ante el abuso, la corrupción, la discriminación y la sumisión, para reconfortarnos en lugares tan comunes y felices como aquellos de ‘menos da una piedra’, ‘Dios aprieta, pero no ahoga’, ‘ya escampará’ o ‘más vale lo malo conocido que…’.

El más ideal de los caldos de cultivo social para que los integrantes de la tribu dirigente sigan siendo apoltronados felices, robando perdices e importándoles las miserias ajenas un par de narices. ¡Ja, ja, ja, qué felicidad!

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