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Cuando todavía colean sus traslados en coche

Nueva queja ante el Arzobispado por la praxis del cura de la Parroquia de Las Herencias

Iglesia de la Inmaculada Concepción, Las Herencias
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Iglesia de la Inmaculada Concepción, Las Herencias

La denunciante asegura que su hija está pagando su "falta de fe"

Por La Voz de Talavera
martes 03 de marzo de 2015, 01:03h


Martes 3 de marzo de 2015, 1:01 horas.

Al Arzobispado de Toledo se le acumulan las quejas de feligreses de la Parroquia de Las Herencias-El Membrillo.

Si aún colean los ecos por ambas poblaciones de la queja de un matrimonio de El Membrillo que tuvo que desembolsar 30 euros para que el sacerdote oficiara el funeral y la misa de los nueve días tras el fallecimiento de una de sus madres, ahora LaVozdeTalavera.com ha tenido acceso a otra denuncia fechada el 14 de noviembre pasado en la que se cuestionan algunas de las actuaciones del representante eclesiástico en la citada parroquia. Y hay constancia de más.

La firmante, residente en Las Herencias y madre de dos hijas, refiere que una de ellas, la pequeña, no ha podido empezar la catequesis de la Primera Comunión y asegura que el motivo es “porque yo no soy creyente. Mi hija está pagando mi falta de fe”.

Aunque el párroco, Don José Luis Iglesias, “exige” como única condición sine qua non una reunión con ambos padres a la vez para poder comenzar dicha catequesis, circunstancia que por motivos laborales el progenitor no puede cumplir “de momento”, sus constantes alusiones a la fe de su feligresa y a la necesidad de “iluminarse”, además de esa postura inflexible del párroco, la han decidido a poner en conocimiento de la máxima autoridad eclesiástica en la provincia este y otros hechos.

La madre, que prefiere guardar el anonimato, explica que ninguna de sus hijas estaba bautizada y que ambas celebraron las ceremonias sin ninguna cortapisa con el actual sacerdote. Posteriormente, la mayor recibió su catequesis y su Primera Comunión como otros tantos niños y niñas de la localidad.

“He sido yo la que las ha llevado a la iglesia independientemente de mi falta de fe. Mi marido y yo participamos en la iniciación al Catecumenado (ejercicio de instrucción al bautismo), participamos en el bautismo de las dos y en la Primera Comunión de la mayor”.

La denunciante propuso al sacerdote –“que por otra parte siempre se ha mostrado flexible con el horario para vernos”- que la catequesis comenzara en tiempo y forma y que en los dos años que dura la instrucción “ya habría tiempo para poder reunirse los tres”. Ante esta petición, realizada a principios de enero del presente, recibió como respuesta que “si tantas horas trabaja (tu marido) debería cambiar de trabajo; que yo sepa no trabaja en un barco”.

Así las cosas, y ante la imposición del párroco y el retraso en la iniciación de la catequesis de la niña, que va en aumento sin que esta madre atisbe una pronta solución, es por lo que se decidió a remitir la queja al Arzobispado para que medie y consiga reconducir la situación.

Asimismo, insta a esta institución a que compruebe “cuántos niños hay en las catequesis tanto de Primera Comunión como de Confirmación en la parroquia. O se han borrado o no han empezado, salvo un par de ellos”.

Vocabulario “cruel y brusco”

Pero la queja, dirigida a la atención del Arzobispo de Toledo y Primado de España, Don Braulio Rodríguez, va más allá del caso particular de su pequeña. En su escrito hace saber que el vocabulario que utiliza Don José Luis en sus homilías es “cruel y brusco” lo que ha propiciado que numerosos padres dejen de llevar a los niños a misa “porque se asustaban”. Para ejemplificar este “inapropiado” e “intolerable” leguaje la firmante indica que cuando Don José Luis ha hablado del aborto lo ha hecho en términos como “se cortan a los bebés con chuchillos los brazos, la cabeza…” o frases como que “la inseminación artificial comienza con el pecado de la masturbación del hombre”.

Ante esta tesitura y en una reunión concertada a principios de septiembre de 2014 junto a otros padres, solicitaron al párroco que “moderase el lenguaje” y que hiciera más partícipes a sus hijos del oficio, sin embargo, el cura les comunicó que continuaría con “la misma dinámica”.

El descontento venía de antes

El hiriente lenguaje o la reunión ineludible fueron dos pero no las únicas gotas que colmaron el vaso. En el escrito remitido al Arzobispado la vecina de Las Herencias lamenta igualmente que todo lo que sembraron sus antecesores - Don Santiago o Don Antonio- se fue difuminando con el desarrollo pastoril de Don José Luis.

La molesta madre manifiesta en su escrito que tanto sus hijas como el resto de niños de Las Herencias, sobre todo los catequistas, acudían a la iglesia “ilusionados” puesto que se sentían protagonistas y partícipes de la celebración eucarística. “Subían a leer las escrituras, hacían las peticiones y las ofrendas y en ocasiones preparaban alguna canción para el final de la misa. Con ayuda de Martina, la catequista –“a la que adoran”-, hacían que nuestros hijos entendiesen las lecturas y sus homilías. Todo eso prácticamente ha desaparecido y, claro, ya ningún niño se ofrece como monaguillo”.

Otras actuaciones cuestionables

Al igual que en la denuncia del matrimonio de El Membrillo se vuelven a apuntar otras prácticas que consideran más que cuestionables. Coinciden ambas quejas en la pretensión del sacerdote de que las mujeres se turnasen para prepararle la comida, pero también se cuestiona que “se presente en mi casa y en otras para que llevemos a las niñas a misa; o que en medio de un entierro, antes de meter al difunto en la fosa, diga que se le había olvidado (decir) que podían hacer donativos para las misiones”.

Han pasado tres meses y medio desde que esta madre plasmó y remitió su “descontento” al Arzobispado sin que la institución le haya contestado o pronunciado hasta el momento. Ahora espera que al ser hecho público su relato la solución pueda estar próxima. Les tendremos informados.

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