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LA MALETA DE BACH

La Aguirre

La Aguirre

Antonio San Miguel Roldán

miércoles 16 de marzo de 2016, 08:01h

Miércoles 16 de Marzo de 2016.

Ser testigo de la historia es lo mismo que no enterarse nada.

Yo fui ciudadano de la Alemania aquella que gaseaba judíos y los apilaba como corderos en campos de exterminio, y nunca llegué a sospechar de aquellos hombres que leían cuentos a sus hijos en la cama y luego decidían la suerte de millones de personas en viles crematorios.

Fui vecino del asesino que estranguló y después quemó a sus hijos, y nunca vi nada extraño en su comportamiento, cuando nos cruzábamos en el descansillo de la cuarta planta no blandía un cuchillo jamonero por encima de su cabeza, no torcía el cuello con espíritu satánico ni echaba espuma por la boca.

También confié, como entrenador, en que Palermo tirara aquellos tres penaltis que falló contra Colombia.

Esta mañana soy Neymar, por la tarde seré la pequeña de las Infantas.

La confianza es un cheque tan pródigo en dar como complejo de determinar o comprender, basando su suerte en quien decide delegar poder, gestión, decisiones más o menos trascendentales en otros sujetos.

No podemos responsabilizar al presidente del consorcio de autobuses si uno de sus conductores decide pillarse una buena cogorza estando de servicio y estrellar su colectivo contra un parque infantil.

Los ciudadanos votan o no, y ahí generan su primera responsabilidad. Los responsables políticos tienen cuatro años para gestionar esa confianza. Nunca he creído en la responsabilidad política subsidiaria.

No creo que alguien se deba ir por lo que hagan otros, aunque estén a su servicio o hayan sido nominados por su dedo. Sí creo en la judicial, esa que los inhabilita para ejercer sus quehaceres políticos.

El problema moral surge cuando, insistentemente, los de un bando piden a los del otro que se vayan por asuntos, más o menos, parecidos en territorio propio. La falta de coherencia en sus discursos los incapacita a todos.

La responsabilidad política dura cuatro años, es el método democrático del que nos hemos dotado.

Para bien o para mal, Esperanza debe permanecer en su puesto mientras no sea involucrada en alguno de los chanchullos de sus fieles. De lo contrario, la responsabilidad empezaría en el primer ser humano, y ése es otro cantar que aquí no toca.

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