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AL FILO DE LA RAZÓN

Crónica de una muerte anunciada

Crónica de una muerte anunciada

Sergio Jiménez de Castro

jueves 28 de abril de 2016, 07:04h

Jueves 28 de Abril de 2016.

Se que no os estoy contando nada que no sepáis cuando digo que Talavera está agonizando. Lo sabemos perfectamente. De hecho, creo que algunos lo tienen asumido como una realidad inevitable.

Es precisamente de esta conformidad, de esta pasividad colectiva de lo que vengo aquí, cómo no, a quejarme.

Todos nos quejamos, decimos que las cosas van mal, que la situación es insostenible; pero a la hora de la verdad poca gente hace nada más allá de ello. Creo que en mayor o menor medida todos somos culpables en este aspecto. Aunque bien es cierto que algunos tienen mayor capacidad de influencia, mayor poder para arreglar la situación en la que se encuentra nuestra ciudad. Y son precisamente estas personas las que por ello tienen una mayor responsabilidad en la deriva que estamos sufriendo.

Mes a mes vemos cómo la cifra de población de Talavera se desangra lenta y silenciosamente. Hace no mucho dejamos atrás las marca de los 85.000 habitantes, y no por rebasarla. A este dramático ritmo podríamos vernos condenados a convertirnos de nuevo, tras más de 40 años por delante de la capital de provincia, en la tercera ciudad en población de la comunidad, tras Albacete y Toledo.

No podríamos esperar nada distinto a lo que está sucediendo, ¿quién se va a quedar en una ciudad en la que no hay trabajo?

El descenso poblacional no es fruto del azar, está evidentemente relacionado con el desproporcionado paro que asola nuestras calles. Somos la cuarta ciudad con más paro de todo el país. Pero no porque en nuestra zona haya mucho más paro, que también; porque la zona con más paro del país es Andalucía, Cádiz para ser más exactos. No creo que Talavera sea sospechosa de pertenecer a dichas tierras.

La Ciudad de la Cerámica es, por tanto, una excepcionalidad, un lugar especialmente castigado en una comunidad no tan afectada, como Andalucía o la propia Talavera, por el mal endémico de nuestro país.

Esto, al final, no es ni menos que la crónica de una muerte anunciada, título de la conocida novela del famoso escritor Gabriel García Márquez que encaja perfectamente con la historia que parece abocada a vivir Talavera.

Ya no es cuestión de preguntarnos por las causas que nos llevaron a donde nos encontramos actualmente, así no resolveremos nada. Habría que mirar al futuro y preguntarnos qué podemos hacer nosotros por la ciudad y de esta forma ayudarnos a nosotros mismos.

Ha llegado la hora de darnos cuenta de que las instituciones no van a arreglarlo, de que somos todos y cada uno de los habitantes de Talavera los que tenemos que movilizarnos y aportar los granos de arena que estén en nuestras manos para aliviar esta situación.

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