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TALAVERA VIVA

El carajal catalán (2)

Jesús Huete

El carajal catalán (2)

Sábado 21 de Octubre de 2017.

Propongo que analicemos hoy -día en que se ha dado el primer paso para la destitución del actual Gobierno autonómico de Cataluña- cómo ha afectado la praxis política del gobierno catalán a la clase trabajadora catalana. La primera circunstancia notable es que dicha clase ha perdido casi totalmente la enorme pujanza que tuvo en los últimos años de la Dictadura y en las dos décadas posteriores a la Transición. El PSUC y el PSC, representantes políticos legítimos de la clase obrera, alcanzaron notables cotas de poder en los ayuntamientos más importantes de Cataluña, incluido el de Barcelona, en el Parlamento autonómico y en el Gobierno catalán.

En pocos años, el peso específico de aquellos Partidos políticos en la política catalana disminuyó dramáticamente. Por una parte, la disolución del PSUC, consecuencia de la crisis de los partidos comunistas en toda Europa, tras la desaparición de la URRS y, por otra parte, la deriva del PSC, que vendió la mitad de su alma al diablo nacionalista de ERC, para que José Montilla fuera Presidente por un día, dejaron a la clase trabajadora sin representación política genuina, sin que nadie defendiera sus auténticos intereses materiales.

Ese estado de indefensión de sus intereses agravó la situación de la clase trabajadora en el momento en que llegó a España el “sunami” de Lehman Brothers. Lamentablemente, la crisis nos alcanzó cuando teníamos cuatro millones de emigrantes, que habían llegado a nuestro país anteriormente, atraídos por el crecimiento originado por la burbuja inmobiliaria. Se dio la paradoja de que llegamos a tener simultáneamente cuatro millones de emigrantes y otros tantos millones de desempleados. Todo lo anterior ha contribuido definitivamente a la precarización actual de las condiciones laborales de los trabajadores.

Y la salida de la crisis supone un cambio del modelo productivo, si queremos ser competitivos en los mercados internacionales. Este nuevo modelo exige necesariamente un mayor y mejor uso de las diferentes tecnologías de procesamiento de la información y de las comunicaciones.

Ahora bien, el impacto de dichas tecnologías incide letalmente, a corto plazo, en la eliminación de muchos puestos de trabajo; si bien, a medio plazo, provoca la creación de otros nuevos, que requieren diferentes conocimientos y capacidades, lo cual exige un tremendo esfuerzo de reciclaje profesional para la mano de obra. Y, lamentablemente, aquellos trabajadores, que no consigan adquirir los nuevos conocimientos exigidos, quedarán fuera del mercado de trabajo. (Joseph Schumpeter, el prestigioso economista austrohúngaro, denominó a este fenómeno destrucción creativa).

Adicionalmente, la brutal crisis económica, que sacudió a toda España, impulsó una legislación muy lesiva para los intereses de la clase trabajadora: la “reforma laboral” y los “recortes”; el numeroso colectivo de damnificados por esas políticas restrictivas, que adoptaron tanto el Gobierno central como el catalán, hizo surgir con fuerza el movimiento podemita, con todas sus confluencias, que en lugar de negociar con los empresarios mejores condiciones económicas y sociales para los trabajadores, como habían hecho siempre UGT y CCOO, propuso unas metas políticas y sociales, inviables por utópicas, con el fin de conseguir poder parlamentario.

El paso del tiempo ha afectado seriamente a la clase trabajadora. Por razones biológicas, se produjo la retirada de aquellos trabajadores que sostuvieron la pujanza política de la izquierda catalana en los años 70 y 80 del siglo pasado, muchos de los cuales han retornado a los pueblos desde donde llegaron a Cataluña. Y una parte de los hijos de aquellos, los rufianes, han roto sentimentalmente con el origen y con la clase social de sus padres, y se han integrado en la pequeña burguesía catalanista.

Los “sindicatos de clase”, UGT y CCOO, tratan de mantener un muy difícil equilibrio entre las pulsiones separatistas, que fragmentan la sociedad catalana, y sus propios objetivos sindicales. Como consecuencia de todo lo dicho anteriormente, puede afirmarse, como decíamos al inicio de este artículo, que la clase trabajadora como tal, ha perdido peso específico, dado que ha perdido población, y que la que sus representantes están muy divididos, a causa de las tensiones separatistas.

Por ello, ha perdido poder de negociación y de influencia en la solución del problema que supone la deriva secesionista del gobierno catalán. Esta es la causa, asimismo, de la progresiva decadencia del PSE, del que se dice que tienen “dos almas”, y de la disminución notable de su poder en el Parlamento autonómico. Y, por otra parte, ¿supone un lastre electoral para el PSOE en el ámbito estatal? El riesgo es evidente.

Para no mezclar las cosas, si me lo permiten, dejaremos para otra entrega el análisis del papel jugado por la pequeña burguesía en este puñetero proceso.

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