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TALAVERA VIVA

El carajal catalán (4)

Jesús Huete

sábado 04 de noviembre de 2017, 10:33h
El carajal catalán (4)

Sábado 4 de Noviembre de 2017.

Creo que, en el análisis que venimos haciendo de los distintos enfoques políticos asumidos por las diferentes clases sociales a propósito del problema catalán, merece capítulo aparte la consideración del comportamiento de una fracción importante de la “clase media” urbana de aquella Comunidad, especialmente la de Barcelona, cuyo Ayuntamiento está gobernado por el partido populista Barcelona en Comú, que encabeza con ardor Ada Colau.

El suceso que consolidó diversos movimientos populistas preexistentes fue la manifestación del 15 M en la Puerta del Sol de Madrid, y la posterior acampada de manifestantes durante algunas semanas. El fenómeno se extendió inmediatamente a otras ciudades. Dichos movimientos fueron interclasistas; integraron a miembros de varias capas sociales: desempleados, pensionistas, funcionarios, sanitarios, enseñantes, jóvenes en busca de su primer trabajo, emigrantes sin papeles, profesionales liberales, etcétera.

Como sabemos, los movimientos populistas de tipo asambleario surgieron como protesta por la corrupción de los Partidos políticos, especialmente el PP, y por las consecuencias de la crisis económica, que atribuyeron a la globalización de la economía: recortes en las prestaciones sociales (sanidad, educación, pensiones, atención a la dependencia...), aumento súbito y exponencial del desempleo, despido de funcionarios interinos y eventuales, crisis de las Cajas de Ahorro, desahucios por impago de hipotecas y de alquileres, etétera, etcétera.

Quienes participaron en estas movilizaciones eran personas que se sentían damnificados por el sistema económico y social, y son la base poblacional de “Podemos”. Un pequeño grupo de avispados profesores de Ciencias Políticas, que decidieron pasar de la teoría a la práctica, supo aprovechar el descontento social de esa población. Esos profesores capitalizaron el malestar social, y crearon un nuevo Partido político de carácter populista, que ofrecía soluciones a los problemas denunciados en las manifestaciones. Dichas “soluciones” eran más bien utópicas, porque tenían poco sustento en la economía real, pero con ellas consiguieron cinco millones de votos en las siguientes elecciones generales.

El nuevo Partido empezó siendo asambleario, y ha acabado ajustado al modelo de partido leninista, y fue imitado posteriormente en muchas ciudades, para agregarse después de diversas maneras en cada territorio autonómico, y construir finalmente una agrupación federal, o confederal, que, además de compartir de alguna manera las políticas estatales de Podemos, tienen objetivos propios en el ámbito municipal y autonómico, Estos Partidos regionales se conocen como “Confluencias”.

En Cataluña conviven dos organizaciones de tipo populista: Barcelona en Comú y Podemos. Tienen orígenes, características y objetivos políticos parecidos, lo que les hace, unas veces, aliados, y otras, competidores en el mercado electoral. En lo referente al conflicto con el Estado, generado por la coalición que gobierna la Autonomía catalana, ambos Partidos mantienen una posición semejante. No son partidarios de una declaración unilateral de independencia. Proponen que se conceda el derecho de autodeterminación a los catalanes, es decir, que el Estado español se olvide de la Constitución vigente, y reconozca a los habitantes de ese territorio la posibilidad de independizarse, cuando les parezca oportuno.

Pablo Iglesias ha manifestado su deseo personal de que Cataluña permanezca en el Estado español (confesó hace algún tiempo que le produce dolor de estómago pronunciar la palabra España), a cambio de conceder a dicha región un estatus confortable, atendiendo a todas sus demandas (o sea, que además de “lumis” o rabizas, el resto de españoles pongamos la cama). En las próximas elecciones generales veremos el coste electoral en el resto de España, que tiene para Podemos su posicionamiento en el problema catalán.

Colau es una independentista vergonzante, que se alinea siempre con los separatistas, aunque trata de aparentar cierta equidistancia; es partidaria de un referéndum pactado con el Gobierno español, es decir, al margen de la Constitución, como si eso pudiera pactarlo el Gobierno, sin prevaricar. Además, no ha especificado la proporción de votos necesaria para declarar la independencia. Es consciente de que la independencia por las bravas, tal como exige la CUP, implicaría la salida de la UE y del euro, y supondría una ruina total para la economía y el sistema productivo de Cataluña. Especialista en nadar y guardar la ropa, pertenece a la cofradía del santo diálogo, formada por una tropa de demócratas beatos, que nunca concretan qué coño dirían ellos en un diálogo entre representantes de las dos posturas irreconciliables:

- Oiga, deme la independencia, o me la tomo.

- Imposible. Lo prohíbe la Constitución, y, además, no me sale de ahí abajo.

A pesar de lo cual, Iglesias, Colau y otros beneméritos miembros de la cofradía “buenista”, siguen insistiendo machaconamente:

- ¡Dialoguen!

Como no quiero abusar de su paciencia, si me lo permiten, seguiremos la semana próxima.

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