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TALAVERA VIVA

El Carajal catalán (7)

Jesús Huete

El Carajal catalán (7)

Viernes 1 de Diciembre de 2017.

Durante los últimos 30 años, la Alta Burguesía catalana ha promovido la extensión del movimiento independentista a las demás clases sociales, mediante la financiación generosa de innumerables entidades y asociaciones gestoras de actividades cívicas, artísticas, culturales, sociales, etc. Y es preciso admitir que, desde el Gobierno Autónomo (tanto los de CDC como los del PSC), la clase dirigente ha conseguido afiliar a la ideología nacionalista a más de dos millones de personas (la población total es de 7,5 millones); y que una parte bastante numerosa de esos creyentes defiende hoy el derecho de autodeterminación, y la independencia total.

La catequesis independentista, al igual que la de las religiones, ha recurrido a crear un “corpus” doctrinal, basado en un relato de la Historia de España y de Cataluña, que no resiste una prueba científica (“somos un pueblo oprimido, una nación sin Estado, nuestra lengua está en peligro, etc.”); y que promete un paraíso terrenal, cuando se consiga la independencia (más bienestar, mayores pensiones, menos impuestos...). Esta doctrina se ha difundido desde hace años en todo el territorio a través de todos los medios de comunicación públicos y privados disponibles.

Otrosí, desde el poder político, y desde muchos púlpitos religiosos, se ha promocionado insistentemente el sentimiento de catalanidad “pata negra”, basado no solamente en aspectos positivos (lengua, arte, industria, comercio, cultura y demás), sino también en opiniones y juicios negativos, incluso xenófobos, sobre España y los españoles (España nos roba, andaluces vagos, extremeños pobres, madrileños prepotentes, charnegos ignorantes, etcétera, etcétera).

La manipulación desde el poder de las creencias y de los sentimientos de la población ha creado un universo colectivo propio al margen de la realidad material, una especie de Macondo mental, que se retroalimenta, y se mueve en una dimensión paralela al mundo real. El independentismo ha pasado al otro lado del espejo, como Alice en Wonderland, donde las palabras significan, en cada momento, lo que quiere que signifiquen quien las pronuncia. Así, los actores de esta tragicomedia no consideran que sea sedición la proclamación unilateral de la República independiente (aunque sea de modo “simbólico”), violando la Constitución española y su propio Estatuto de Autonomía.

Resulta imposible en la práctica luchar contra las creencias religiosas (y el nacionalismo tiene esa raíz) de los individuos y de las masas. Muchos millones de personas creen en la reencarnación tras la muerte; en que Dios creó el universo en seis días, y el séptimo descansó; en que Noé metió en un barco una pareja de animales de cada especie; en que Dios creó un Cielo, un Purgatorio y un Infierno. Y mucha gente considera necesario que la sociedad se rija por lo que algunos profetas del desierto, a quienes Dios les ponía ejercicios de dictado de vez en cuando, prescribieron hace miles de años en ciertos libros sagrados.

Ningún creyente acepta evidencias materiales ni argumentos racionales que cuestionen su fe. No se molesten, y mucho menos desde fuera de Cataluña, en tratar de convencer de su error a un creyente nacionalista, porque no aceptará ningún argumento racional contrario a sus convicciones. Y aunque sean ustedes catalanes, si no son nacionalistas, tampoco lo intenten, porque para éstos no son verdaderos catalanes.

Tampoco es posible poner en cuestión los sentimientos de las personas, tanto en el caso de los adolescentes como en el de los colectivos nacionalistas. Quienes guían su conducta sólo por los sentimientos son individualistas; ignoran, y desprecian, los condicionamientos de la vida material y de la lógica social. Intentan conseguir lo que desean, aunque se hunda el mundo. El predominio de los sentimientos ha provocado tremendas catástrofes sociales en el pasado.

En el siglo XIX, el Romanticismo prestigió el valor de los sentimientos como norma de vida personal. Esa moda produjo buena literatura, pero en el plano político trajo el nacimiento de los nacionalismos en América primero, y en Europa después. En el siglo XX, los sentimientos nacionalistas desenfrenados provocaron dos guerras mundiales, que llevaron a la muerte a muchos millones de personas infestadas por un sentimiento nacionalista asesino, que se propuso exterminar masivamente a los enemigos.

Como decíamos en el artículo anterior, Rajoy rechazó el ultimátum de Artur Mas, en septiembre de 2012, y éste cumplió su amenaza; al igual que Aladino, sacó de la botella mágica al genio independentista. Formó un frente ultranacionalista, que se hizo con el Gobierno catalán. Una vez suelto el genio del independentismo, Mas, Puigdemont, Junqueras, Forcadell, los Jordis, la CUP, Colau, Guardiola, el Barça, Piqué y toda la tropa de fanáticos independentistas han formado el tremendo quilombo, que llena los telediarios desde hace algunas semanas. Una vez construido, el monstruo del independentismo, como el del doctor Frankenstein, ha dejado de obedecer a sus creadores, y a tomar decisiones por su cuenta.

Personalmente, tengo la sensación de que Mas “se pasó de frenada”, porque la Alta Burguesía sólo pretendía agitar el fantasma de la independencia para chantajear al Gobierno. La táctica negociadora de la clase dirigente consiste en pedir un máximo utópico, y ceder en la negociación, cuando obtienen lo que realmente quieren conseguir.

Los verdaderos intereses de esa clase social no consisten en el logro de una independencia imposible y ruinosa fuera de Europa y del euro, sino en aumentar sus privilegios actuales (que no son pequeños), mediante la relación bilateral con el Estado, una mayor influencia en la política española, tener presencia en los organismos internacionales, conseguir más inversiones estatales, una reducción de su contribución a la solidaridad interregional, y el incremento del autogobierno.

Pero quieren lograr todo ello sin “romper la baraja”, es decir, sin salir del paraguas del Estado, que es imprescindible para permanecer en el euro, la UE, el BCE, la ONU y demás organismos internacionales. Fuera del euro y del Estado hace demasiado frío, y se arruinan los negocios.

Y ahora, ¿qué va a pasar?

Vamos a pensarlo durante los próximos días. Ya hablaremos.

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