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CON M DE MUJER

Talavera ni del Tajo ni de la Reina... ¡de la Ruina!

Talavera ni del Tajo ni de la Reina... ¡de la Ruina!

M. L. Ventura

jueves 15 de febrero de 2018, 11:33h

Jueves 15 de Febrero de 2018.

Escribir sobre Talavera en este momento se traduce a relatar la triste y patética existencia de una ciudad históricamente rica, que ha quedado atrapada entre la indefensión de los políticos de turno y la incapacidad para batallar de sus ciudadanos.

Aunque suene a insolencia y nos importune admitirlo, debemos reconocer que en general nos limitamos a participar en las movilizaciones desde la caja tonta; unas veces por recelo, otras por desidia, y muchas por comodidad; y aunque ahora nos autoproclamemos como fervientes defensores de nuestra Ciudad por el hecho de habernos unido en multitudinaria manifestación (fue todo un éxito), esto no es suficiente para acomodarnos de nuevo como si ya estuviera todo hecho.

Hagamos ejercicio de reflexión y no caigamos en la ignorancia de creer tranquilamente que ya se está actuando, porque si de verdad no se toman medidas, ¡y urgentes!, todos acabaremos lamentándonos.

Cierto es que nos cierran hábilmente la boca, los ojos y los oídos, y que la pupa en la faltriquera nos la acallan a limosnas ¡lo sabemos!, pero es que es más cierto que nos hemos acostumbrado/acomodado tanto a esas míseras donaciones que hemos perdido el estímulo para vivir dignamente de lo que por derecho nos corresponde:

Artículo 35 de la Constitución Española: "Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo".

Aunque estas declaraciones de derecho (como tantas otras) suenen en estos momentos como de relleno y las consideremos vacías de contenido, tienen un alcance real y despliegan un amparo que debemos exigir, porque ¿somos realmente conscientes de la trascendencia que tendrá la indefensión de nuestra Ciudad si sólo seguimos estacionados, lamentándonos y lloriqueando por los rincones?

Ahora mismo lo único claro es que esta falta de vitalidad para batallar por lo que es nuestro no sólo nos llevará a perderlo todo, sino que incitará a una desmedida falta de respeto por parte de las administraciones y, por ende, a la sumisión más absoluta.

Tal vez suenen muy duras estas palabras y nos traigan a los sentidos la imagen de una ciudad mucho más desolada de lo que ahora realmente está; al menos desde una perspectiva estrictamente particular; pero es que verdaderamente ya hay que dejar volar la imaginación para percibir el bullicio de otros tiempos y figurarse la vida que antaño respiraba la ciudad.

Hoy da una pena terrible caminar por las calles más emblemáticas de Talavera y descubrir su inagotable multitud de locales -tan nuestros, tan de siempre- sumidos en el silencio y ocupados sólo por el polvo y el abandono y, acaso, por algún objeto olvidado que asoma mortecino tras los escaparates y que nos obliga a levantar la mirada al cielo en ruego desesperado para que la providencia nos rescate de las manos de la desidia y la inoperancia.

Talavera llora la falta de recursos y está acostumbrándose al vacío y a la invisibilidad que supone el abandono injusto e implora sin saber cómo corregir tamaña incompetencia. Despierta atónita cada mañana ante la sarta de mentiras despiadadas y los sórdidos despropósitos administrativos, y contempla triste la actitud impasible de sus gobernantes y la sombra de la pusilanimidad planeando sobre las cabezas de sus gentes, con el temor de que el tiempo traiga hasta ella el drama del hambre y la miseria y la convierta definitivamente en una ciudad rancia, retraída y sin fuerzas para cambiar el rumbo.

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