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CON M DE MUJER

Los miedos humanos y los derechos inhumanos

Los miedos humanos y los derechos inhumanos

M. L. Ventura

jueves 12 de abril de 2018, 09:24h

Jueves 12 de Abril de 2018.

Nos preguntamos muchas veces de dónde venimos, para qué estamos aquí y hacia dónde vamos e, intentando desentrañar tales misterios, en nuestros pensamientos resumimos las respuestas en una sola y nos decimos que todo eso es la vida, una complicada prueba de resistencia diaria que libramos para vivir con el menor número posible de preocupaciones, ¡con paz y tranquilidad!

Es muy significativo que, siendo la paz uno de los estados más ambicionados por el hombre, nos hayamos trasladado a través de los tiempos mediante guerras y violencias frecuentes.

Cualquiera de nosotros como individuos deseamos vivir tranquilos, cuidar, amar, formar parte importante de la vida de otros, ser un segmento útil de una sociedad avanzada y modern.; no queremos perder ese orden regular que nos proporciona el grado necesario de tranquilidad, pero ¿qué hacemos, cómo nos sentimos y cómo reaccionamos cuando la vida empieza a doler; qué ocurre en nosotros cuando nos rompen la paz y nuestra seguridad como individuos se ve comprometida; qué pasa cuando sabotean nuestra cotidianidad y nos vemos destinados a grupos de exclusión por pensar- ser- vivir, diferentes?

Teóricamente nadie nos obliga a sufrir, somos nosotros mismos los que decidimos en qué modo nos conmueven las cosas y cuáles serán nuestros actos, y en función de ello fomentamos o rompemos un vínculo según cómo afecte a nuestra vida; somos nosotros quienes marcamos las pautas de lo que toleramos o no, nosotros ponemos en marcha los mecanismos que nos permiten eliminar el dolor y/o disfrutar con placer de la vida, dimensionamos y resolvemos hasta conseguir el estado de bienestar que anhelamos, o al menos el que más se le acerque.

Abrir los periódicos o seguir los noticiarios de radio y televisión nos muestra cada jornada la crudeza de una realidad inamovible y cada vez más inmersa en nuestro día a día: ¡La injusticia!

En primera instancia, al margen de lo que nos afecte de modo más personal, son las injusticias cometidas contra la naturaleza y contra el propio hombre las que nos provocan más dolor, indignación y/o tristeza; y, aunque no estemos afectados directa y/o personalmente, la mayoría somos en realidad muy conscientes de que, de algún modo y en cualquier momento, acabarán por perturbarnos a todos.

Sin embargo, con conocimiento de tantas iniquidades, de tantas maquinaciones que podemos considerar como violaciones de los derechos humanos de magnitudes catastróficas y consecuencias dramáticas, y a sabiendas de que somos muchos millones de personas -tantos que podríamos formar un batallón muy numeroso difícil de vencer-, aun así, no movemos un solo dedo para defendernos ni oponernos a tamañas infamias.

¿Se han preguntado alguna vez porqué somos tan estáticos?, o ¿por qué, aun estando mejor informados que nunca, nos estamos convirtiendo en seres cada vez más fríos e individuales?

La respuesta, aunque no queramos reconocerlo, es ¡el miedo!

El miedo al dolor, el miedo a ser confinados o excluidos, el miedo a ser el que cae durante la batalla, el que nos hace huir del martirio que supone sufrir y ver sufrir a los nuestros, el que nos lleva a escondernos para no perder todo aquello por lo que tanto hemos trabajado. ¡Ese es el miedo que nos lleva a agazapamos en nuestras trincheras y cerrar ojos y oídos!, porque no hay nada más turbador que ver a otros en un estado lamentable y saber que a nosotros puede ocurrirnos en cualquier momento.

Por eso, a pesar de ser más libres que nunca, tener infinitamente mayores conocimientos que hace tan sólo unas pocas décadas, conocer el origen de las injusticias sociales y los daños ambientales, y tener en nuestras manos el poder suficiente para tomar medidas contra ello, hacemos mucho menos, somos mucho más temerosos, más individualistas y, por ende, más egoístas y más inhumanos.

Las noticias diarias, las de cada día de la semana, del mes y del año, sirven en realidad como eficaz arma de manipulación masiva; en realidad podríamos definirlas como tecnología de comunicación convenientemente manejada por los poderosos que controlan el mundo, para poner los límites en el punto adecuado. Nada es tan efectivo para ganar como romper en fragmentos las grandes estructuras, pues evitando la vinculación entre grupos se consigue la individualidad necesaria para privar de fuerza al oponente.

Ya lo dijo Julio César, que en menos de una década conquistó la Galia, invadió Germania y desembarcó en Britania: ¡Divide y vencerás!

Aprovecho para dar públicamente las gracias a esos valientes anónimos que, a pesar de sus batallas internas, sus problemas externos y sus complejas y laberínticas vidas, logran levantarse cada día para dar lo mejor de sí y ayudarnos desinteresadamente, aunque sólo sea a mirar al horizonte con ilusión. Gracias a ellos podemos abrazar nuestra propia vulnerabilidad y recomponernos cada día; gracias a ellos ponemos un pie tras otro sin perder la esperanza de poder tocar el cielo, ¡aunque sólo sea para rozarlo con la yema de los dedos!

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