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Pos-verdad, microtargeting y otras estratagemas

Pos-verdad, microtargeting y otras estratagemas

M. L. Ventura

jueves 10 de mayo de 2018, 09:27h

Jueves 10 de Mayo de 2018.

La Pos-verdad​ o mentira emotiva es un vocablo​ que describe la distorsión deliberada de una realidad, con el fin de crear y modelar a la opinión pública e influir en las actitudes sociales.

En el ámbito político se denomina política de pos-verdad o política pos-factual, y viene a ser algo así como dirigir cognitivamente un discurso, un debate o una tertulia, aislando los argumentos reales e incluso ignorándolos, para darles una importancia secundaria de forma que tales hechos destaquen notoriamente menos y tengan un alcance de menor influencia, tanto en las apelaciones de los tertulianos como en las apreciaciones de los oyentes.

La política de pos-verdad, al ser objeto de deliberada manipulación por los comunicadores políticos profesionales, oculta o encubre la realidad para convertir un discurso o debate públicos en un espectáculo de distracción rigurosamente controlado por expertos en técnicas de persuasión. No es que la verdad desaparezca, más bien se eclipsa, se distrae, se desluce... lo que conduce a un resultado falso o irreal donde los puntos de vista que más interesan se “inflan” hasta lograr los objetivos previamente programados.

En términos políticamente correctos (ésta expresión no deja de asombrarme, porque relacionar lo correcto con la política a estas alturas puede sonar hasta burlesco), podemos decir que sería comunicación estratégica usada como instrumento de manipulación hacia los electores. A pie de calle, a nivel ciudadano -donde se habla el lenguaje llano y sin ambages-, podremos decir tranquilamente que se trata de falsificación de la verdad.

Si hacemos sólo una pequeña reflexión sobre esto, podremos entender de qué modo estamos controlados y manipulados sin otro objetivo que satisfacer los intereses de unos pocos. Cabe decir que suena a irreal o ficticio, quizás como a película futurista de hace unas décadas, pero no olvidemos que de un modo u otro cada vez estamos más expuestos a los demás, fundamentalmente a través de las redes sociales donde, sin pretenderlo y hasta sin ser conscientes de ello, hemos abierto una ventana hacia nuestra intimidad que nos exhibe al mundo con nuestro beneplácito, mediante algoritmos y motores de búsqueda.

Qué nos gusta y qué no; a qué aspiramos, qué defendemos o rechazamos; qué inclinación política tenemos; dónde vamos a veranear; cómo es nuestra familia... En definitiva, ¡quiénes somos, en el más amplio sentido de la palabra!

Pero el término pos-verdad no se aplica únicamente a las maniobras de políticos desacreditados, ya sea por sus propios actos o por sus adversarios para lograr mejores resultados electorales, sino que se utiliza en una nutrida gama de ámbitos estratégicamente seleccionados, que llegan convenientemente segmentados hasta cualquiera de los gustos o creencias de la población. Esta maniobra se conoce con el nombre de 'microtargeting' y consiste básicamente en individualizar la mayor cantidad posible de personas para posteriormente agruparlas en pequeños segmentos y llegar a cada uno con un mensaje concreto.

Con estas estratagemas, algunos medios de comunicación masivos también se han visto enturbiados por incontables números de plagios, bulos y noticias poco o mal contrastadas, utilizadas para acelerar la información y obtener así exclusivas y, con ellas, mayores niveles de audiencia que sus competidores, lo que en realidad es una falacia en sí misma, ya que están basadas en falsedades al estar la verdadera información transformada en mera propaganda a favor del propio medio; o al de intereses particulares, como en el caso de aquellos que han perdido la ética y ejercen el periodismo de servicio, sometidos a las corrientes de los políticos de turno.

Así, también determinados programas televisivos considerados de entretenimiento tienen una influencia notable en las emociones y creencias personales del público que lo visualiza, donde domina un único punto de vista que se repite continuamente como una campaña a favor del consumo, la imagen de moda, los prejuicios y eso que llamamos saber estar y no es más que pose o falsa educación.

Que hay una pérdida de valores es ya un hecho innegable; que la confianza en las instituciones, estructuras gubernamentales y medios de comunicación ha alcanzado los mínimos minimísimos, también. Pero que la verdad que pugna por salir cada día por todos los poros de nuestro planeta la dejemos reducida a algo que aparenta serlo y que finalmente resulte más importante que la propia verdad no es más que allanar el camino para convertirnos a todos en conspiradores de nuestra propia destrucción.

Ante semejante panorama tal vez lo que necesitemos, ahora que aún tenemos el control de nuestros cerebros, sea volver a la raíz de todo, a saber distinguir entre un paisaje y un decorado, a tener la capacidad de crear desde el origen, a poder gritar la verdad y a seguir sorprendiéndonos de la vida sin darlo todo por hecho.

Exijamos un cambio radical en el entendimiento y la formación del ser humano, un cambio profundo que nos lleve a transformar de nuevo nuestra existencia y nos regrese a la esencia de existir en un mundo donde todo lo necesario, absolutamente, es en realidad gratuito.

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