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CON M DE MUJER

¡Señoras y señores!

¡Señoras y señores!

M. L. Ventura

viernes 15 de junio de 2018, 09:53h

Viernes 15 de Junio de 2018.

Desde la explosión feminista de marzo, la testosterona vive revolucionada debido al relevo generacional que se avecina y los machos más “machirulos”, aunque lo hagan disimuladamente, se niegan a soltar el báculo.

Dicen las malas lenguas que las mujeres creemos más en la fuerza de la palabra y somos capaces de desarmar un entuerto a base de diólogo y escucha, y que ellos tiran más de su fuerza bruta y se sienten más inexpugnables ejerciendo presión, agresión, enfrentamiento...,que les lleva a entrar en una espiral de retórica que les impide reconocer y flexibilizar y que esas, entre otras, son razones que les han ido conduciendo inevitablemente a la instauración de las orgullosamente machistas fuerzas armadas, y con ellas, por supuesto -¿para qué si no?-, a las ofensivas.

Y no sólo me refiero a las de las bombas, los misiles y todos los demás 'juguetitos' bélicos, sino a esas guerras contra las que lidiamos diariamente: ¡la de la violencia de género, la de las intrigas políticas, la de la corrupción, la de la desigualdad...!

Si pudiéramos medir con algún instrumento la capacidad de diálogo y el deseo de concordia, las mujeres saldríamos por ello mucho más favorecidas, pues al parecer nuestra propia condición biológica como gestoras de vida y nuestro instinto de protección -ese que más se posiciona cuando nos convertimos en madres- asoma y nos predispone más a la disertación y menos a la confrontación, algo que ellos, parece ser por su naturaleza masculina, son incapaces de dominar.

Hoy el mundo en general tiene los ojos puestos en las mujeres. Por doquier podemos presenciar manifestaciones, proyectos, debates, alusiones a cómo hemos empezado a ocupar el mundo en lugares que nunca creímos posibles; cómo hemos logrado concesiones que nos resultaban inconquistables; cómo hemos obtenidos tantos méritos que nunca nos fueron reconocidos...

En nuestro país, la última contienda conquistada viene de la mano de la nueva formación de Gobierno claramente decantada hacia las mujeres que, a priori, todos esperamos quieran aprovechar el tiempo y hacer las cosas bien, y de paso mejorar en mucho las desatenciones a las que hasta la fecha nos tienen sometidas.

No sé ustedes, pero yo no me hago muchas ilusiones porque no veo que haya más conciencia de la elevada importancia que tienen los asuntos de género; y algunos de los integrantes de esta nueva formación ya van 'enseñando la patita'. Además, para rizar el rizo, la RAE defendió el rechazo al uso del femenino en cuanto tuvo conocimiento de la fórmula empleada el día del nombramiento oficial. Y es que, según palabras de su director "induce a confusión, al estar el valor genérico masculino fuertemente asentado en el sistema lingüístico de nuestro idioma desde sus orígenes, y su uso resulta artificioso e innecesario".

Aunque después haya rectificado ligeramente su postura, a mí me da que en realidad no les apetece ni pizca la presente ola de participación femenina, ni en el gobierno ni en ningún otro sitio; más que nada, creo yo, por el desdoblamiento de poder y mando que en todos los aspectos ello conlleva.

Porque, ¿no les parece a ustedes que habiéndose utilizado el vocablo en masculino desde los orígenes de nuestra lengua, tal vez ya vaya siendo hora de renovarse y ceder el testigo?

Sería un buen modo de evitar esos artificios innecesarios que dichos señores alegan; y, además, no sólo daremos una imagen de modernidad y confianza al resto del mundo, sino que ayudaremos a dejar de lado los prejuicios, ¡esos que sólo contribuyen a hacernos seres “nopensantes”!

¡Que ahora le toca a lo femenino, pues genial, oiga, que tampoco somos tan raras! Al fin y al cabo, si no hubiera sido por nosotras este mundo se habría parado; y no lo digo sólo porque hemos parido y poblado el planeta, sino por nuestras generosas y silenciosas contribuciones al mundo durante estos miles de años. Que yo entiendo que lo que ha de preocuparnos a todos y a todas es que los señores y las señoras asentados en el poder hagan bien su trabajo y no repitan los mismos errores que hasta la fecha nos vienen encadenando a los albores de la humanidad.

Personalmente, estoy convencida de que si la nueva mujer, la de nuestra era -que es una mujer dispuesta, abierta, instruida...- accediera a las máximas jefaturas de los estados, sin duda cambiaría el panorama mundial, porque cuando una mujer se propone algo lo hace con esa revolución sosegada, compasiva y sensible a los problemas de los demás; y no sólo lo hace muy bien, sino que es mucho más partidaria de mejorar que de vencer.

¡Ténganlo en cuenta, 'señores masculinos del mundo', tómennos muy en serio y no apoyen sólo la componenda de poner de moda la autoridad de la mujer! No olviden hasta dónde hemos llegado sin su ayuda; no olviden que seguimos respirando; no olviden que seguimos recorriendo caminos y, desde luego, no olviden que a quienes primero conquistamos en el umbral de los tiempos fue a ustedes.

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