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'Memoria de los Nadie', la trilogía prohibida por las conciencias

'Memoria de los Nadie', la trilogía prohibida por las conciencias

M. L. Ventura

viernes 29 de junio de 2018, 09:20h

Viernes 29 de Junio de 2018.

Desde que en el “primer mundo” tenemos la oportunidad de conocer los acontecimientos generales a través de los medios de comunicación y las redes sociales, tenemos también la ocasión de advertir la ingente andanada de pasividad que se dispara cada día a nuestros cerebros a través de los mismos; sin embargo, queremos seguir viviendo en la creencia de que nuestras vidas se desenvuelven dentro de un espacio sencillo y sin tramos accidentados y de que nos deslizamos por una la ligera pendiente natural que ha de conducirnos a destinos conocidos y confortables.

Todo el que abra los ojos a la verdad se dará cuenta de que la realidad es que vamos transitando por un camino de socavones y desconciertos que somos reacios a vislumbrar, porque preferimos cerrar los ojos ante el malestar que nos produce reconocer que estamos inmersos en una dictadura política mundial que nos llega disfrazada de caprichosas modas y avances tecnológicos y que nos somete a la oculta violencia que emana directamente del poder que nos maneja, de una forma tan sutil como clandestina.

En realidad tenemos falta de información veraz y toda la información de que disponemos está manipulada para esconder la desmesura de las jerarquías del mundo actual.

Si analizamos nuestras vidas objetivamente, podremos percibir que el desnivel entre clases sociales ha existido siempre, pero que a medida que 'avanzamos”'se hace mayor; que vivimos prácticamente disecados y que cuando nos movemos lo hacemos con limitaciones, las que nos llegan a través de los reflejos emocionales conducidos y los lenguajes deformados; que estamos sometidos a un 'cerebro social' que nos vende un bien común, basado en la represión y la destrucción de unos para el bienestar de otros, y que además no nos importa, o al menos no lo suficiente, porque vamos cómodamente sentados en el tren de este 'primer mundo', desde donde miramos el universo con ojos de que todo aquel que no circula por este raíl se convierte de pronto en desigual o inadaptado, ¡un nadie!

¿Acaso no es verdad que nuestra ilusoria claridad de bienestar y acomodo nos gusta y que no queremos salir de ella porque es más placentero cerrar los ojos y mirar hacia otro lado?

Bertolt Brecht, el poeta alemán que se empeñó en vivir al margen de las normas de su tiempo y que representaba al orden burgués como una sociedad de delincuentes, prostitutas, vividores y mendigos, dijo: “El que no sabe es un imbécil, pero el que sabe y calla es un criminal”.

Prácticamente lo mismo que nos transmite Antolín Pulido en su obra 'Memoria de los Nadie', en la que los protagonistas de esta historia del mundo actual, relatada sin disimulos, son algunas de esas personas que saben y no callan, convertidos por voluntad propia en inadaptados circulantes del raíl contrario y ávidos de brindar su aliento a los otros 'nadie' que quedan sumidos en la forzosa oscuridad.

Plasmada en mil páginas escritas de un tirón, a golpe rítmico y constante de sufrimiento, rabia e impotencia, esta obra narra con naturalidad y sin dobleces con qué injusticias, arrogancias, codicias y muertes se han levantado los tronos.

Esta trilogía de dolor nace de hurgar en las entrañas de unos pocos y se rebela desde el saber a ciencia cierta que no existe la generosidad del poderoso, que los fantasmas que habitan este mundo ingrato “no son limpios ni hacendosos”, sino todo lo contrario; que nos tapamos los oídos para escondernos de los gritos de las torturas, que cerramos los ojos ante la hiriente luz de la verdad, que un color de piel puede convertirse en una maldición para quien la viste y que aunque no nacimos para vivir guerras, desde el principio de los tiempos las hemos forjado, permitido y excusado; y ahora, lo queramos o no reconocer, tenemos las manos manchadas de pasividad, egoísmo y desidia.

'Memoria de los Nadie' nos lleva a dudar de nuestra propia existencia como seres humanos legítimos, porque nos enseña sin rodeos que la crueldad de los hombres no tiene límites ni siquiera con sus propios semejantes y que quienes se arriesgan a luchar contra la inmovilidad y el desapego lo hacen a costa de sus propias vidas y,aun regresando, vuelven con el espíritu calcinado.

Ahora que llega el verano y disponemos de más tiempo para la lectura, les recomiendo encarecidamente que se hagan con la obra -bastante asequible, por cierto- y les adelanto que no les dejará indiferentes.

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