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CON M DE MUJER

Tu qué te pides, ¿inmigrantes o turistas?

Tu qué te pides, ¿inmigrantes o turistas?

M. L. Ventura

Viernes 6 de Julio de 2018.

Mientras leemos los periódicos y miramos desconcertados la televisión preguntándonos cómo es posible que en la era de la modernidad aún ocurran ciertas cosas, en las altas esferas se organizan reuniones entre parlamentarios de diferentes países -por supuesto, con derecho a comida excelente y comisión extra- para repartirse un sin número de refugiados -¡sí, sí, así, tal cual suena de frío e impersonal!- a la vez que se aseguran de que los acogidos no puedan deambular con autonomía por el 'resplandeciente' continente europeo.

Que los procesos migratorios son inherentes a todas las especies y que nacen del instinto de conservación ya deberíamos saberlo todos. El hombre es nómada por naturaleza y desde que puso su pie sobre la tierra se ha ido desplazando aquí y allá e instalándose en los lugares que por sus condiciones, medios, necesidades o circunstancias le han parecido más adecuados. Ha ido acogiendo y hallando acogida y contribuyendo a la repoblación y a la prosperidad con su labor, sus conocimientos y su aporte cultural.

Ahora, en nuestro moderno y tecnológico siglo, el hombre continúa moviéndose de unos lugares a otros por diferentes razones: ocio, trabajo, mejoras..., pero con la ventaja que le supone disponer de medios tecnológicos que le permiten, a través de diferentes técnicas, conocer de antemano los lugares adonde se dirige.

Sin embargo, a pesar de que vivimos en la era de la información, resulta que ésta no siempre es veraz. Muy al contrario, habitualmente nos alcanza debidamente disfrazada, de tal forma que, por nuestras creencias culturales, resulta persuasivamente influyente en nuestras decisiones.

Así, desde las altas esferas se están asegurando de que nuestros movimientos estén debidamente controlados y utilizan, entre otros embelecos, los medios de comunicación para lanzarnos sus manipuladoras peroratas -a menudo con tintes políticos y siempre bien ajustadas a sus intereses- para que causen el impacto más conveniente entre los ciudadanos e influyendo notablemente en nuestras ideologías según seamos más conservadores, liberales, etcétera. Con estas falsillas controlan qué número de ciudadanos se muestra más cordial con esta ideología o más hostil con aquella otra.

¡Pues sí, ya lo ven, somos simples marionetas zarandeadas a su antojo! No obstante, debemos reconocer que, egoístas como somos, tendemos a equipar nuestros sentimientos con la positividad o negatividad que, según sus argumentos, nos resulte más convenientes; es decir, que hacemos caer la balanza hacia aquello que nos favorece y la corregimos si entendemos que invaden nuestro mundo particular o arruinan nuestras cómodas rutinas.

Así, con lo que se cuece últimamente en los noticiarios, resulta que nuestro resplandeciente primer mundo es 'víctima sacrificada' de una invasión migrante que entendemos totalmente improcedente y que llega por oleadas -nunca mejor dicho- para desgarrar nuestro organizado y sólido universo.

Pero, ¿y si nos parásemos a pensar con coherencia y empatía y fuéramos capaces de ponernos en su piel?

Seguramente si echamos la vista atrás, todos encontraremos en nuestro árbol genealógico algún antepasado migrante, alguien que marchó a una región diferente de su lugar de origen pretendiendo cambiar a mejor el rumbo de su vida.

Quienes salen de sus territorios casi siempre lo hacen buscando progreso: una mejor economía, un trabajo más satisfactorio, un clima más propicio... Y todos aplaudimos la valentía de iniciarse en tal aventura, porque somos más o menos conscientes de lo que supone movilizarlo todo y dejar atrás aquello que nos resulta tan conocido y nos proporciona seguridad.

Entonces, ¿por qué no valoramos el esfuerzo de quienes inician su andadura hacia otros lugares porque ven violentados sus derechos -¡sí!, esos de los que por naturaleza estamos dotados y que son universales, inviolables e inalienables- y se ven empujados a marchar por circunstancias terribles?

Les invito a pensar en tal aventura cuando lo que uno pretende es salvar su vida y la de los suyos. Piensen en guerras, hambrunas y enfermedades impuestas porque los países más poderosos juegan a las 'estrategias bélicas'...

Piensen también en cómo les arrancamos sin escrúpulos sus recursos naturales para seguir expandiendo nuestra apremiante modernidad, sin ni siquiera proveerles a cambio de lo más indispensable para mantenerse en pie; piensen sobre nuestras existencias, el lugar en el que a cada uno de nosotros nos ha tocado en gracia nacer, en lo adecuadas o no que son las personas que nos dirigen...

Plantéense, siquiera por un momento, si preferirían salir de su casa, de su pueblo, de su país, apenas vestidos, expuestos, poniendo en riesgo su vida y la de los suyos para llegar a otros lugares donde finalmente sólo encontrarán miseria, desapego y hostilidad.

Resulta muy trágico que en nuestros innovadores tiempos olvidemos continuamente la estrecha relación que existe entre la justicia y la paz, máxime cuando sabemos que ambas son el único patrimonio común de los pueblos y lo único que nos ayudará a prosperar.

Hagamos un esfuerzo y recuperemos la memoria, ésa que parece esfumarse fácilmente entre el tiempo y la vida cómoda; pensemos si todo esto no ha ocurrido ya antes; pensemos que basta un simple soplo para cambiar nuestros destinos, un sutil giro del viento para que los amigos sean enemigos y los enemigos se conviertan de pronto en amigos y aliados imprescindibles, sombras unidas para lidiar contra quien en ese momento suponga una amenaza mayor.

¡Piénsenlo! Y por mucha acidez que les produzca, no destierren de sus pensamientos que en cualquier lugar del mundo, en cualquier momento, todo estamos expuestos a lo mismo; pero sobre todo no olviden que, desde los lejanos primeros nómadas, la patria siempre ha sido el lugar en el que uno puede vivir en paz de su trabajo.

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  • Tu qué te pides, ¿inmigrantes o turistas?

    Últimos comentarios de los lectores (3)

    4023 | Luis - 09/07/2018 @ 23:53:37 (GMT+1)
    Hay una regresion clara en cuanto a dignidad, derechos humanos y libertades. Los primeris en caer son los mas débiles, pero los demas noestamoa exentos de lo mismo. Ya lo dice el refrán: "cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar" Vamos a andarnos con mucho ojo!
    4022 | Bernardo - 09/07/2018 @ 22:55:21 (GMT+1)
    Tiene usted mucha razón, estamos todos expuestos a que en cualquier momento se produzca un desenlace fatal para cualquier país. Sólo entonces sabremos de primera mano el sufrimiento que causamos cuando estamos arriba.
    4010 | Carlos - 06/07/2018 @ 12:52:23 (GMT+1)
    Ole, ole y ole. Se puede decir más alto pero no más claro. La reflexión generosa e inteligentemente planteada. Buenísimo artículo. Para pensar largo rato en todo.

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