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CON M DE MUJER

Las infravaloradas edades del hombre

Las infravaloradas edades del hombre

M.L. Ventura

Viernes 27 de Julio de 2018.

El hombre, en su deseo de poder y supervivencia como ser conflictivo dominado por las pasiones y los impulsos más bajos, dejó instaurada la violencia ya por la era cavernaria, cuando levantó una piedra y la arrojó contra su adversario.

A pesar del tiempo transcurrido desde entonces y de que se nos presupone seres con juicio y conocimientos, a resultas seguimos siendo animales. Vivimos guiados por los instintos y llevamos la violencia ubicada en nuestra más remota cultura manifestándola corrientemente a través de cómo sentimos, pensamos, hablamos...

Verbalizamos la violencia y la ejecutamos porque probablemente cuando el hombre comenzó a formar parte de la historia de nuestro mundo ya habría enfrentamientos entre especies; esas que se suponen creadas por un 'dios menor', sólamente así pueden explicarse la desigualdad y la lucha entre clases a las que nos hemos sometido.

Aunque algunas de estas manifestaciones no sean literalmente ejecutadas, sí reflejan claramente una reproducción de los 'valores' culturales aprendidos a lo largo de los años; bien en el seno familiar o desde el ambiente del que nos rodeamos durante nuestra vida; no hay más que detenerse un momento a analizar nuestro leguaje más cotidiano para detectarlo: "Un bofetón a tiempo nunca viene mal; calla o te baño la boca en sangre; hazlo como te digo o te la cargas; yo te mato...".

Si indagamos detenidamente en nuestro día a día observaremos que nuestra realidad está cargada de todo tipo de violencias; de hecho, estamos corrompidos por ella aunque la entendamos socialmente condenada, porque vivimos en un mundo ante el que determinadas respuestas entendidas como negativas en un momento determinado y ante una causa determinada justifican la violencia como recurso para combatirla.

Es decir, que absurdamente justificamos las guerras y legitimamos cualquier tipo de discriminación -ya sea ésta sexual, racial, social...- utilizando la violencia; o, lo que es lo mismo, recurrimos a la violencia para acabar con la violencia. ¡Así de incongruente!

Por otro lado, entendemos la paz como la ausencia de violencia, cuando en realidad una no existe sin la otra; de hecho, el concepto' violencia' discurre en conexión paralela con el de paz, a pesar de que esta última es innata en el ser humano y la primera se aprende a lo largo de la vida, por ser parte del arraigo cultural.

Siendo así, parece que la paz sea una 'invención histórica' que hemos heredado de nuestros ancestros, ya que, si el ser humano es conflictivo por naturaleza y esto le lleva a hacerse violento y a instaurarlo en su cultura porque la violencia no está en sus genes sino en el ambiente que él mismo crea, ¿en qué momento de las edades del mundo hubo paz? ¿Cuál fue primero, para tener que dar origen a la otra?

Sea como fuere, la realidad es que no hay nada que avale la eficacia de la violencia.

El castigo físico y las agresiones, sean del tipo que sean, son una consecuencia de las frustraciones y prohibiciones con las que tropezamos en nuestro entorno; por lo tanto, conscientes de ello como somos e inteligentes como se nos presupone, si fuéramos capaces de reemplazar nuestros empecinados y violentos instintos primarios por la serena pauta de la razón; si entendiéramos el dialogo como vía para salvar los desacuerdos y tuviéramos voluntad real de cambio, estoy segura de que la violencia podría evitarse.

Es nuestro deber razonar sobre ello para combatir sus causas, si no queremos que nuestra sociedad sucumba, basada como está en el frágil equilibrio de la violencia.

El deseo de dominación suprime las normas éticas y morales y da rienda suelta a los heredados instintos que laten bajo nuestras 'civilizadas tradiciones', tengámoslo en cuenta, pues se trata de buscar una solución individual a un problema social.

Se trata de reeducar a una sociedad que desde temprana edad nos enseña que debemos entrar a batallar en una inhumana y egoísta competencia, que nos hace individualistas y consumistas, que nos suscita el deseo de apoderarnos de los bienes de otros y nos muestra a los demás, no como colaboradores, sino como adversarios.

Una sociedad que nos anestesia emocionalmente y nos hace estremecedoramente fríos para que podamos seguir viviendo ante tantísimas barbaries sin inmutarnos y que nos alecciona -¡somos conscientes de ello!- a través de la modernidad para seguir forjándonos particularmente solos.

Si somos tan equilibrados e inteligentes, ¿no podríamos ser capaces de empezar a variar nuestro comportamiento y aprovechar el cúmulo de experiencias adquiridas a lo largo de tantos años para abordar las situaciones que nos llevan a cruzar la vida de modo que, más antes que después, será negativo para todos?

Lamento creer que, con toda probabilidad, es ésta una esperanza utópica.

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    Últimos comentarios de los lectores (4)

    4086 | Javier - 03/08/2018 @ 22:46:26 (GMT+1)
    El mayor problema es el individualismo al que nos han dirigido, desde luego que habría que reeducarnos, pero esa es una labor ardua y desde luego creo como usted que es una utopía.
    4082 | Carlos - 03/08/2018 @ 14:24:14 (GMT+1)
    En realidad no somos ni equilibrados ni inteligentes, si.lo fuéramos ya habríamos todas las lecciones que el tiempo nos ha dado. A las pruebas me remito: involucion en lugar de evolucion.
    4073 | Bernardo - 27/07/2018 @ 20:05:39 (GMT+1)
    Usted lo ha dicho buen claro, sin duda es una utopía. Yo también lo lamento.
    4072 | Prado - 27/07/2018 @ 15:57:37 (GMT+1)
    Q ue Vivimos guiados por nuestro instinto ,y llevamos la violencia ubicada a nuestras culturas ,estoy totalmente de acuerdo ,excelente articulo una vez mas

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