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CON M DE MUJER

Cárceles con listas de espera

Cárceles con listas de espera

M. L. Ventura

Jueves 22 de Noviembre de 2018.

Dice la Constitución Española: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad, están orientadas a la reeducación y reinserción social"... blablablá, blablablá, blablablá.

Todos sabemos, con mayor o menor detalle, que la privación de libertad produce unos efectos muy particulares en el ser humano (y en cualquier otra especie), que afectan no sólo a quienes la sufren directamente, sino a todo su entorno y a la sociedad en general, que de uno u otro modo acaba implicada.

Yo siempre he pensado que, si alguien en un momento puntual de su vida, por una u otra razón, se ve abocado a cumplir pena de prisión, entrará ignorante del mundo carcelario y saldrá sapiente de tan reprobado universo; y que aquello de incorporarse a la sociedad después de tan endemoniada experiencia debidamente reinsertado no es más que una utopía.

Privar a una persona de su libertad no es sólo despojarlo de su autonomía, también se le priva de sus derechos, de su empleo, de su casa, de su entorno, de su dignidad, de sus emociones... ¡Difícilmente podrá volver a ser el mismo!

Está constatado que la restricción de libertad anula al individuo. Éste deja de ser un sujeto autónomo y se convierte en un ser subyugado a otros, alguien dominado por quienes le infligirán el “apropiado” castigo, le impondrán aislamiento y le originarán recelos, turbaciones, miedos...

Además, la resocialización con los otros sujetos con los que convivirá le harán asimilar nuevos conceptos que unas veces podrán catalogarse de valores y otras tantas no, pero que influirán indefectiblemente en su carácter y su modo de vida.

Después llegará la reincorporación a la sociedad y tales medidas de corrección conllevan inevitablemente una consecuencia altamente contaminante: la estigmatización social.

La sociedad rechaza sistemáticamente al reinsertado. Ya no compartirá nada con él porque es lo contrario de lo que socialmente se espera de cualquier “ciudadano de bien”.

Con esa premisa pasará a convertirlo en ciudadano de segunda, lo degradará a ese rango inferior que le autoriza a denigrarlo en cualquier momento que se preste a ello; y dará igual si el mecanismo de control social cometió un error y después demuestra su inocencia, porque la sociedad está ya condicionada de antemano a tener prejuicios contra todos aquellos que se ven sometidos a proceso penal y son recluidos en centros correctivos; los efectos sociales serán los mismos sea culpables o no.

A nivel personal el detrimento comenzará en la propia familia, continuará por el entorno habitual y proseguirá a nivel general. Se generará una cadena de sucesivas e injustas discriminaciones que coartarán toda posibilidad de reintegración real y que le llevarán a sentirse enjuiciado y marginado para siempre.

Los profesionales de la psicología jurídica determinan a este respecto, tras haberlo estudiado amplia y minuciosamente, que aun habiendo trabajo reinsertativo y/o educativo dentro de los centros penitenciarios las consecuencias para condenados por delitos menores serán más destructoras que rehabilitadoras porque los efectos a nivel personal son devastadores.

Por ello es incomprensible que a estas alturas aún sigamos recurriendo al encierro como forma de recuperación para ese tipo de delitos, y con mayor motivo si además podemos verificarlo con los resultados que ya han obtenido países como Holanda.

Los holandeses han conseguido descender el número de reclusos de tal forma que el gobierno ha recurrido a ofrecer en alquiler sus cárceles para evitar que centenares de funcionarios de prisiones pasen a engrosar los registros de las oficinas del paro; de hecho, algunos países europeos ya están en lista de espera para que los condenados puedan cumplir allí sus penas de prisión.

¿No les parece que ante estos datos tan sorprendentes merece la pena tener en cuenta sus métodos alternativos?

Pues bien, sus técnicas se centran directamente en la reinserción efectiva, para lo cual emplean a fondo a sus psicólogos jurídicos.

Por ejemplo, en delitos menores el sistema elude el castigo y utiliza el monitoreo electrónico para no romper con la actividad diaria normal del procesado, que pasará a estar controlado las 24 horas mediante dispositivos de vigilancia. De esta forma continúa integrado sin que su cotidianeidad apenas varíe, lo que influye notablemente en que la modificación conductual se produzca con mayor celeridad.

A determinados procesados se les aneja el cumplimiento de trabajos comunitarios durante determinadas horas del día, lo que no es sólo una terapia efectiva para ellos, sino también una beneficiosa ayuda para los centros sociales.

A los presos de largas condenas han optado por proporcionarles una celda con cama y baño propios, televisión, nevera y escritorio; tienen además libre acceso a la biblioteca, reciben a sus visitantes en privado y durante el tiempo que dura la condena pueden optar por dedicarse a las actividades agrícolas y ganaderas, tales como el cultivo de huertos o la cría de animales (gallinas, patos, cerdos).

Debemos mencionar que existen casos muy particulares que por su dificultad son tratados excepcionalmente, pero en general estos sistemas tan innovadoramente reeducativos les han proporcionado mejores resultados económicos (ahorran cerca de cien mil euros anuales por procesado y, como éste sigue en activo, continúa contribuyendo al sostenimiento del país); y correccionales (han conseguido relegar, evitando así la discriminación, el problema que supondría la posterior incorporación del procesado a la sociedad); y además han conseguido un significativo descenso de la delincuencia, colocándose así en una posición que permite considerarlo un país seguro, según el ranking de paz.

Tan positivos han sido los resultados de sus métodos que decenas de cárceles han tenido finalmente que reinventarse y, debidamente higienizadas y provistas de las instalaciones adecuadas, se han convertido en centros para acoger refugiados, en hoteles o en paradores de lujo, donde la estancia puede costar hasta 200 euros/noche.

Ya sé que aquí en nuestro país más de uno, al leer esto, pensará que eso no son condenas sino vacaciones y por ello podemos presuponer que los resultados no serían los mismos o tardarían mucho en serlo -el previo educacional cuenta mucho-; también tengo en cuenta que allí dimitiría un ministro por impagar una multa y aquí no renuncian ni regándoles con aceite hirviendo.

Sin embargo, si las resultas ante estos métodos han sido tan positivas, no estaría de más que nos planteáramos la posibilidad de reeducarnos cuanto antes y lanzar una apuesta de futuro hacia la verdadera rehabilitación en un mundo donde desayunamos, comemos y cenamos con noticias violentas cada día, que amenazan con agotar cualquier esperanza de paz, pero sobre todo para concienciarnos de que para cambiar a mejor, cualquier momento es bueno.

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    Últimos comentarios de los lectores (4)

    4451 | Jose - 24/11/2018 @ 08:22:47 (GMT+1)
    Nosotros no tenemos gobernantes que se preocupen por las mejoras sociales es imposible que podamos conseguir algo así
    4450 | Tere - 24/11/2018 @ 08:08:50 (GMT+1)
    Aquí será un logro llegar a algo tan meditado. En España somos de poco diálogo y menos análisis y los de arriba no están por la labor de reeducar.
    4449 | Ester - 24/11/2018 @ 08:06:23 (GMT+1)
    Efectivamente privar de libertad no es sólo encerrar el cuerpo, también te despojan del resto de tu vida y eso ya es irrecuperable en una sociedad que se dirige más por los que dirán que por la verdad. Magnífico análisis
    4447 | Bernardo - 22/11/2018 @ 14:07:35 (GMT+1)
    Pues estoy totalmente de acuerdo aunque siempre habrá delitos que merezcan privación, por lo demás creo que perjudica más que ayuda.

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