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CON M DE MUJER

Mar oscuro, corazones negros

Mar oscuro, corazones negros

M. L. Ventura

Jueves 29 de Noviembre de 2018.

Todos los días, desde que nacemos, morimos un poco; a cualquier hora y en cualquier lugar muere gente. Esto es algo cotidiano inevitable y más o menos asumido; la naturaleza, en su infinita sabiduría, sabe que siempre debe buscar ese equilibrio.

Sin embargo, en los últimos tiempos esa proporción se está viendo delirantemente transformada porque en demasiadas ocasiones las muertes violentas repican en muchos lugares del planeta, y los vivos- cada día más muertos- volvemos la mirada hacia otro lado porque, a priori, esto ya ha dejado de ser noticia de interés por lo habitual.

El mar que escogen miles de personas para disfrutar de unos días de descanso y ocio, ese mar que durante los días de verano se nos acerca manso, cálido y azul, pero que desde finales del estío se convierte en un lugar frío y oscuro, ha vuelto a ser estos días sepultura de esos a los que en “tierras de primer mundo” rechazamos simplemente porque no estamos dispuestos a repartir con ellos el pastel en el que, muy a menudo, han puesto ellos los ingredientes.

Desde que comenzaron las oleadas de migrantes, cientos de pequeñas embarcaciones abarrotadas de personas que huyen de las guerras, el hambre, la esclavitud, el despotismo... han hallado en el mar, involuntariamente, la paz que tanto anhelaban. El mar se convierte en un cementerio para muchos de esos que parten con el dolor y la esperanza de encontrar lejos de su mundo un lugar más tranquilo para vivir.

Atrás quedan familiares y amigos esperando una llamada que no siempre llegará, una llamada que anhelan relate la memorable aventura del viaje, a pesar de los estragos del clima, el agotamiento y el temor; una llamada que suene jubilosa porque ya quedaron atrás las horas que se hicieron días y los días que se hicieron semanas; efusiva, porque el lugar que les recibe es un lugar hermoso, de gentes afables que asisten sus improvisados planes, esos que nacieron de la esperanza de alcanzar una mejora de vida.

¡En realidad, la mayor parte de las veces esas llamadas nunca se hacen!

Hay quien llega a pisar tierra firme, pero se encuentra con un mundo modernizado y hostil y descubre que su ya de por sí espantoso viaje ha ocasionado una frenética actividad política mucho más espantosa aún, una mal llamada política de protección que acaba sometiéndoles a unas normas brutales, que comienzan por inscribirles en una lista de la que difícilmente saldrán nunca: la lista de los diferentes, de los marginados, de los dependientes; la lista del horror, del desengaño, de la decepción, de la incomprensión, de la desesperanza... ¡de la muerte!

Otros no llegarán a pie, sino flotando. Habrán muerto enfermos, de hambre, de frío o de todo a la vez; habrán muerto porque, tras no poder moverse del mismo angosto punto que ocupa su cuerpo durante días y noches, acabaron por perder el equilibrio mientras les vencía el cansancio y les poseía el sueño y se vieron abocados a perderse entre la negrura de la noche y el gélido mar, ese mar que les llevará muy adentro y estará meciéndoles con las mareas una docena de días, arrastrándoles de un lugar a otro hasta que el metano empuje sus cuerpo hacia la superficie y les muestre al cielo.

Tal vez aquellos que dedican sus días a arrancarle al mar esos cuerpos les encuentren antes de que el gas se volatilice y les hunda de nuevo para ablandarles piel músculos y órganos internos.

Como en un desafío, antes de devorarles para siempre el mar dará a los ahogados la última oportunidad de ocupar su lugar en la tierra y enviará de nuevo a la superficie sus enjuagados cuerpos, bien ataviados de algas, medusas y sargazos; abiertos los ojos, imperturbablemente dignos en su derrota, ¡quizás para que no parezcan tan inhumanamente muertos!

Hoy escribo sobre los ahogados, pero igual podría estar escribiendo sobre quienes yacen en las cunetas de tantos lugares, cuerpos yermos y olvidados, cuerpos sucios, ensangrentados, acribillados por las balas de quienes se llaman sus semejantes; o sobre las mujeres violentadas y despojadas de su derecho a vivir libremente sólo por el hecho de serlo; o sobre tantos y tantos inocentes que, a pesar de su corta edad, ya han vivido en sus carnes la falacia del defectivo ser humano... ¡ese que protege más los objetos que la vida!

Con desánimo reconozco que todo seguirá igual, que no ocurrirá nada especial, que no cambiará nada... ¡son sólo más muertos! Otra noticia que pasa de boca en boca y desaparece como el humo, algo que, como dije al principio, por lo habitual nos va resultando cada vez menos significativo, algo que no importa y que finalmente sólo servirá para ponerle una etiqueta y venderlo al mejor postor y que será sólo un escalofriante número que servirá para engordar las billeteras de algunos.

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  • Mar oscuro, corazones negros

    Últimos comentarios de los lectores (12)

    4477 | Felipe - 09/12/2018 @ 22:10:41 (GMT+1)
    El dinero está universalmente instalado, lo decia usted en uno de sus artículos y a dia de hoy ahí sigue siendo el rey del mundo, todo lo demás no importa nada. Queda bien claro
    4476 | Enrique - 09/12/2018 @ 22:05:18 (GMT+1)
    Me ha producido escalofríos leer tan detalladamente el viaje a ninguna parte de un ser humano que busca vivir dignamente. Me ha parecido una forma impresionante de describirlo .
    4472 | Ester - 04/12/2018 @ 14:43:28 (GMT+1)
    Que pronto se nos olvida los malos tiempos. Me ha gustado muchísimo el artículo.
    4465 | Melissa - 30/11/2018 @ 20:12:37 (GMT+1)
    Impresionante y emocionante artículo. Totalmente de acuerdo con cada una de las cosas que expresas. Es una pena que cada vez la gente actue menos cuando alguien nos pide auxilio. Es una real pena la sociedad que estamos creando. Y lo peor... es que cada vez es peor. Y al final, todos nacemos y todos morimos, venimos y nos vamos.
    4464 | Jose - 30/11/2018 @ 09:52:10 (GMT+1)
    Primero deberíamos educar bien, enseñando que el respeto es la máxima en la vida y transmitirlo como algo sagrado. Ahora desde luego lo que más importa es lo material, como dice cuidamos más las cosas que las personas y además no estamos dispuestos a cambiar. No hay que mirar muy lejos par a saber que ya casi todos estamos vendidos. Triste.
    4463 | Carlos - 30/11/2018 @ 09:43:12 (GMT+1)
    Aunque se escriban ríos de tinta no cambiará nada, el sueño que vienen a vivir a Occidente no es más que una artimaña mafiosa consentida por los vendidos gobernantes de sus países que les obliga a pagar un viaje a morir de un modo u otro. Es tristísimo y repugnante.
    4462 | Alicia - 30/11/2018 @ 09:36:56 (GMT+1)
    Triste y real transmite sentimiento. Pienso que deberíamos manifestarnos en el mundo entero para que quienes nos gobiernan nos garantizaran la paz, protestamos cada día más desunidos y no hacemos nada por los demás y a ellos les preocupa más el negocio de las armas.
    4460 | Pilar Gonzalvez - 29/11/2018 @ 19:37:50 (GMT+1)
    Vivimos de espalda a esa pobre gente. Somos como avestruzes, si no lo vemos no existe... de vez en cuando nos pellizca el alma ver alguna imagen, pero olvidamos pronto y seguimos con nuestras vidas. Muy conmovedor y realista tu relato, a ver si se remueven nuestras conciencias
    4459 | Javi - 29/11/2018 @ 17:47:01 (GMT+1)
    Totalmente de acuerdo contigo, por desgracia tus palabras, llenas de sensibilidad, nos entristecerán un momento..., hasta la siguiente noticia, ya que estamos vacunados. Los nadie, siguen siendo eso: nadie, y nosotros: nada.
    4458 | Minerva - 29/11/2018 @ 14:41:05 (GMT+1)
    No he podido evitar emocionarme; hacen falta muchos cambios. El mundo es de todos, los límites los ha impuesto el ser humano y al igual que los ha impuesto, puede retirarlos. Dejemos de mirar hacia otro lado cuando gente en situaciones horribles nos pide ayuda y actuemos
    4457 | Prado - 29/11/2018 @ 13:36:23 (GMT+1)
    Q gran verdad, este articulo q reflejas, q lo estamos viendo y sufriendo todos los dias de una manera o de otra, es consecuencia del modo de vida tan suferficial q llevamos, y lo q es peor cada vez mas, pero hay q recordar y no olvidar q todos nacemos sin nada, y del mismo modo nos vamos.
    4456 | Bernardo - 29/11/2018 @ 10:48:09 (GMT+1)
    Me ha tocado el alma con sus palabras es real por desgracia todo lo que dice y vamos empeorando cada día más. Acabaremos siendo máquinas de carne y hueso. Magníficamente expresado.

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