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CON M DE MUJER

Vota, Vota, la pelota...

Vota, Vota, la pelota...

M. L. Ventura

Viernes 8 de Febrero de 2019.

Con la cuesta de enero aun a rastras y las elecciones municipales cada vez más cerca - serán el 26 de mayo próximo-, muchos de ustedes ya se estarán planteando a quién van votar esta vez, ahora que está harto demostrado que los que han estado subidos a la poltrona no han salido bien parados; de sus gestiones gubernativas, se entiende, porque de las propias sí lo hacen... ¡y con las faltriqueras bien llenas!

Pues si ustedes tienen dudas, aunque sean mínimas, sobre si han de “cambiar de casaca -y entiendan la expresión, porque en este país a pensar y cambiar de opinión enseguida lo llaman felonía-, sepan que estadísticamente ya figuran entre quienes se han visto influenciados por los efectos que tienen en los ciudadanos las encuestas pre-campaña.

Sí, sí, ¡como lo oyen! Los estrategas electorales se percataron ya hace tiempo del efecto de movilización, motivación y desmotivación que los resultados de las mismas tienen sobre el electorado y lo utilizan como si de un elemento más de marketing se tratase; aunque los datos inicialmente sólo sirven para medir un estado de ánimo momentáneo y/o circunstancial, resulta bastante, como poco, significativo saber que conocen de antemano de qué pie cojea la generalidad de la ciudadanía.

Acaso ello nos traiga a la memoria aquella teoría que lanzó un economista americano hace ya varias décadas y que venía a decir, poco más o menos, que es una buena baza para un presidente recién elegido diseñar una crisis económica al principio de su mandato y después abanderar la recuperación a fin de asegurarse la re-elección.

Yo me pregunto si en nuestro país el estallido de la burbuja inmobiliaria no tendría su base en esta teoría, máxime si tenemos en cuenta que nació y explosionó mientras los “dos grandes” andaban subiendo y bajando de la poltrona.

En fin, creo que los españoles seguimos siendo los mismos de antaño y que no hemos tenido, ni tenemos, evolución ni coraje porque si no ¿cómo se explica que, aun sabiendo que arriesgamos nuestro futuro, el de nuestros hijos, y me aventuro a decir que hasta el de nuestros nietos, sigamos jugando al pin y pon con los dos banderines de siempre, previos los mismos argumentos más que manidos de siempre?

¡Ah bueno, disculpen! Olvidaba que ellos, pobres ángeles misericordiosos, topan una y otra vez con las consecuencias de los desmanes económicos de la anterior legislatura y a resultas lo que toca es llevar a cabo inevitables medidas de ajustes económicos que en realidad sólo acaban repercutiendo en nuestros cada vez más desvalijados bolsillos.

Y así, entre ajustes y desajustes, encajes y desencajes, herencias y desherencias, hemos llegado a que una de cada seis familias que se viera arrastrada a la pobreza durante el comienzo de la crisis, allá por el año 2008, aún no haya podido salir de ella; a que el mercado laboral en España continúe ocupando los primeros puestos de la lista negra del desempleo en la eurozona; a que el empleo además de escaso, se lleve la palma en cuanto a pésima calidad; a que lo único que brille sea la ausencia de mejoras en productividad, sanidad, educación, urbanismo; al estancamiento salarial… ¡En fin, que la lista, además de negra, es eterna!

Pero, por si no fuera suficiente esta cantinela interminable, puedo darles la guinda para coronar el pastel: Sepan, si no lo saben ya, que en nuestra rutilante sociedad española 20 personas -¡sí, sí, como lo oyen, sólo 20!- tienen la misma cantidad de dinero en sus cuentas que el 20 por ciento de la población más desfavorecida. ¿Bochornoso, verdad?

Pero es que, si nos metemos en charcos internacionales, resulta que el 82% de la riqueza universal generada durante el año 2017 fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial; o, lo que es lo mismo, los ya súper-mega-híper-ultra-millonarios. Y no se me ocurren más elementos compositivos para anteponerlos y hacerles más millonarios aún; han aumentado de tal forma su riqueza que ésta sería suficiente para acabar con la pobreza más extrema del planeta.

Estos datos, además de vergonzosos, no son moco de pavo, ¡au contraire!, importan y mucho porque ponen de manifiesto que la sociedad se ha polarizado de tal modo que la clase media, masa activa de la población, motor fiscal en la recaudación de impuestos, parte mayoritariamente propulsora en la reducción de la pobreza, género activo y moderador de la supresión de la desigualdad... ¡está desapareciendo a marchas forzadas!

¿Y qué hacemos aparte de preguntarnos para qué carajo querrán tanto dinero? ¡Pues nada! Nada, porque desconocemos tanto, que en realidad no somos conscientes de lo que se nos viene encima.

No sé si decirles que piensen en ello o que mejor no lo hagan, porque sólo pensarlo ya da terror y, la verdad, a mí sólo se me ocurre echarme a temblar porque no parece que las cosas vayan a mejorar mucho...

No se vislumbran mejoras en las leyes, por ejemplo para erradicar el machismo asesino que continúa su avance casi a diario; ni para obligar a las grandes empresas a pagar los impuestos que les corresponden; más al contrario, el sistema fiscal nacional e internacional tiene cada vez más rendijas -blanqueos, evasión, fraudes...- por donde escapan los grandes beneficios hacia los paraísos fiscales y con ellos nuestras expectativas de mejora en políticas sociales, laborales, medioambientales y demás.

No soy de escribir sobre política, me tomo mi tiempo para pensar en ella y soy de respetar todas las opiniones; sin embargo, hoy me voy a tomar la libertad de instarles a que piensen muy bien con qué casaca se van a vestir estas elecciones que serán, además de municipales, al parlamento europeo y en algunas comunidades, concretamente en trece, autonómicas. Además, fruto de estos comicios posteriormente vendrá la elección de los representantes a las diputaciones provinciales.

No es un examen de control, es un examen de fin de curso, de modo que léanse detenidamente los programas electorales y, si ello les aburre tan soberanamente como a mí, sepan que ya hay técnicas audiovisuales que son mucho más amenas y nos explican con todo detalle los programas.

Exíjanse etiquetas grises y olvídense de las tan manidas blancas o negras, tan rancias e impuestas desde hace tanto tiempo y que no nos han servido para mucho, ¡ni siquiera para que aprendamos! Y, sobre todo, cavilen sobre la importancia que tiene que quienes nos gobiernen sean “personas humanas”, si es posible, cultas, diligentes, sosegadas... y, aunque esto ya sea mucho pedir, ¡decentes y honradas!

Creo que nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de nuestros nietos merece un momento de atención y un mucho de conocimiento. ¿No están de acuerdo?

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    Últimos comentarios de los lectores (4)

    4728 | Carlos - 11/02/2019 @ 14:07:13 (GMT+1)
    Hasta que seamos capaces de ver que No es una cuestión de derechas o izquierdas, sino de mejoras para el ciudadano , y sobre todo cuando seamos capaces de respetar a los demás, sus creencias y sus ideologías sin rasgarnos las vestiduras no seremos un país libre. Ahora todo es apariencia, rancia ideologia e incultura y hay pocas esperanzas porque tenemos un gravisimo problema de educacion base. Tu reflexión nos pone en una tesitura que la mayoría ni se molestará en analizar.
    4723 | Tere - 09/02/2019 @ 21:53:37 (GMT+1)
    Es verdad que tenemos poco coraje y que estamos acomodados e inmóviles. Cuanto más tiempo pasa más manipulados.
    4721 | Isabela - 09/02/2019 @ 18:44:23 (GMT+1)
    Es vergonzoso que unos pocos se apropien del esfuerzo de todos. Pero porque no se legisla para evitarlo? La respuesta no va a gustar
    4720 | Bernardo - 09/02/2019 @ 18:40:32 (GMT+1)
    Como siempre razonable y reflexiva. Ojala sus palabras calen y seamos capaces de decidir sin colores.

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