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CON M DE MUJER

Aplausos no, ¡por favor!

Aplausos no, ¡por favor!

M. L Ventura

sábado 11 de abril de 2020, 13:41h

Sábado 11 de Abril de 2020.

Coronavirus, coronavirus, coronavirus. En este momento creo, que jamás se ha oído una palabra tantas veces como ésta.

El coronavirus o covid-19, pandemia del siglo XXI por antonomasia, transita vertiginoso de huésped en huésped infectando las células humanas e indiferente a etnias, clases sociales, sexos o ideologías.

Tampoco le intimidan las bravuconerías, los postureos, la riqueza o las grandilocuencias, muy al contrario, se aprovecha de quienes inmersos en su propio ego y materialista individualismo, se consideran inmunes y son incapaces en su ignorancia de entender, que este virus les utiliza para transmitirse a través de las microgotas de Flüge -estornudos, tos, espiración- y/o del tacto.

Desde que se supo de su existencia, los discursos grandilocuentes y las metáforas relacionadas con el “estado de guerra” se suceden continuamente y se han convertido en la perorata más frecuente, tanto en noticiarios como a nivel ciudadano.

Desde este punto de vista y puestos a utilizar el lenguaje bélico, muchos esperan que el personal ubicado en primera línea de batalla -es decir, sanitarios, cuidadores, trabajadores de limpieza, empleados de supermercados, conductores, etcétera- personas que están trabajando durante estas fechas, arriesgando su salud para prestarnos unos servicios esenciales y hacernos el confinamiento más llevadero, asuman la condición de héroes con todo lo que ello lleva implícito y que inútilmente, les exige un sacrificio más propio de una contienda que de una fatalidad, de este calibre sí, pero que afortunadamente todos podemos ayudar a combatir si adaptamos nuestro comportamiento adecuadamente.

Tan sencillo como poner en práctica esa unidad social de la que tanto se habla estos días y pensar un poco en esos profesionales que, desbordados por el colapso que ha originado la situación, no pueden cuidarse ni aplicarse, ni los mismos derechos ni de la misma forma que el resto.

Sepan que, durante el estado de alarma, España está siendo uno de los países con mayor número de sanitarios contagiados. ¿Les cuadra con aquello de que nuestro sistema de salud es uno de los más fuertes y eficaces del mundo?

Pues les cuadraría mucho más si las políticas de austeridad no hubieran obligado a la disminuir el número de camas, degradado las condiciones laborales, reducido la inversión en investigación y sanidad para aplicarla a otros 'menesteres' y así sucesivamente.

Y nos cuadraría aún más si cuando los sanitarios salieron a exigir los progresos necesarios para poder ejercer una sanidad saludable, todo el país hubiera estado ahí tras ellos, apoyando su petición de mejoras que, al final, como ahora estamos comprobando, es la mejora de todos y, esto, es aplicable a muchos otros sectores que se hayan inmersos en la precariedad, como consecuencia de unos recortes faltos de raciocinio y sentido común y el enriquecimiento injusto de unos pocos.

¡Este es el tipo de unidad social que necesitamos! Los aplausos, como muestra de solidaridad, bienvenidos sean porque ayudan a subir el ánimo ¡pero no solucionan!

Lo que esta situación ha puesto de relieve es que la sanidad y otros sectores básicos para la población soportan una crisis constante e insostenible sobre la que de una vez por todas hay que tomar medidas y, por supuesto, que no debemos cometer el error de esperar a que asomen deficiencias, sino asumirlas como tales desde la humildad, para corregirlas del mejor modo posible.

Esta guerra, como nos empeñamos en llamarla, sólo tiene un objetivo: ¡salvar vidas!

Si todos peleamos en el mismo frente y ponemos de nuestra parte compromiso y colaboración, estoy segura de que conseguiremos salir adelante, pero si esperamos que los “héroes forzosos” acaben solos con ello mientras el resto de la ciudadanía obvia la cooperación en el grado que le corresponde, los políticos se dedican a ponerse zancadillas para alcanzar sin escrúpulos la batuta del poder y el resto de países se abstienen de compartir información de forma abierta, buscando la especulación y el enriquecimiento oportunista, me temo que, aunque ganemos esta partida, en cualquier otro momento acabaremos derrotados de la forma más miserable.

No sé si a ustedes les ocurrirá, pero a mí me queda claro que, si un “bichito” diminuto ha puesto nuestras vidas patas arriba y nos ha convertido en los seres más vulnerables del planeta, será que más que reyes de la naturaleza somos reyezuelos engreídos, endebles y vacíos y que quizás sea necesario que nos hayamos perdido en nuestra propia petulancia, para reinventarnos a una figura menos presuntuosa y más humana.

Digo yo.

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