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CON M DE MUJER

Y tú, ¿te atreves con el delantal?

Y tú, ¿te atreves con el delantal?

M. L. Ventura

sábado 23 de mayo de 2020, 10:52h

Sábado 23 de Mayo de 2020.

Por herencia cultural, por circunstancias personales, por libre elección..., tenemos en esta sociedad nuestra un ingente número de mujeres que dedican sus días, en exclusiva, a cuidar de su casa y de su familia. Un trabajo duro, sin remuneración económica y sin reconocimiento alguno y cuyo horario abarca las 24 horas día, los 7 días de la semana y los 365 días al año.

Existe además un buen número de ellas que al mismo tiempo trabajan fuera del hogar y cuya función como amas de casa exige conjuntamente ajustar una labor a la otra de forma paralela, por estar ésta considerada como una ocupación propia del sexo femenino.

Aunque tal necedad suene a imposición arcaica y debiera de estar ya obsoleta del todo, lo cierto es que hoy por hoy la mayoría de las mujeres lo sigue asumiendo como rol inevitable, por mucho que se despotrique a propósito de ello, se discuta con la pareja o se acuda a las manifestaciones a reivindicar la igualdad de derechos... ¡y de obligaciones!

Adjudicado por imposición patriarcal, la labor del ama de casa se impuso en femenino porque se nos catalogó de sexo débil sin otro criterio que el conferido porque una nace delineada con unas formas físicas diferentes a las de los hombres y, aunque ya quedó archidemostrado que tamaña incoherencia no es cierta, a día de hoy se nos sigue evitando la adjudicación de determinado tipo de trabajos.

Aunque es cierto que un porcentaje equis de parejas ya tiende a repartirse las tareas del hogar y el cuidado de los hijos -no porque los hombres no hagan las tareas, sino porque dejan de hacerlas en cuanto comparten casa con una mujer- también lo es que aún no se ha logrado arrancar ese concepto social que relaciona ser ama de casa con género femenino, aunque ya hay hombres -muy pocos- que asumen el rol en la corresponsabilidad y se acercan al ámbito doméstico con el delantal puesto y totalmente comprometidos, a pesar de que la mayor parte de las veces ello venga derivado, expresamente, de no disponer de empleo fuera del hogar.

Este papel que la mayoría de las mujeres ejercemos en nuestros hogares, que no tiene horario ni control alguno sobre el ritmo de trabajo; que en según qué circunstancias no admite posibilidad de descanso; que requiere de conocimientos de limpiadora, niñera, cocinera, entrenadora, psicóloga, doctora, secretaria, conductora, costurera, cuidadora, maestra...; que en multitud de ocasiones resulta poco estimulante, rutinario y hasta humillante, aún puede resultar y resulta, emocionalmente perjudicial.

Y ello, no solamente porque es invisible ante una sociedad que se considera avanzada y carente de prejuicios, sino porque lo es también ante nuestras propias familias -tan habitual es que seamos nosotras quienes lo llevemos a cabo, que finalmente ha pasado a considerarse como una función exclusivamente nuestra- y aún nos muestra ante la sociedad, con desfachatez en censos y estadísticas, como ciudadanas inactivas.

Aprovecho esta sección para apoyar a este grupo social que, a día de hoy, sigue estando tan frustrado, desvirtuado y desprotegido como cuando se realizaron las primeras reivindicaciones allá por el siglo XIX; y para dar voz a todos aquellos, mujeres y hombres, que consideran que colaborar en las labores del hogar es, además de un acto muy digno, un modelo de educación positivo para las próximas generaciones y un avance en el camino de alcanzar una sociedad más justa e igualitaria.

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