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EN primera PERSONA

Médicos de Atención Primaria, los 'otros' héroes de la crisis del COVID

Médicos de Atención Primaria, los 'otros' héroes de la crisis del COVID

Fermina Daza

lunes 01 de junio de 2020, 14:20h

Lunes 1 de Junio de 2020.

“… y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena”.

Me apropio de esta cita de Haruki Murakami, que tiene toda la pinta de estar inspirada en la poesía 'Esperanza', de Mario Benedetti, en la confianza de que me permita convertir las ideas en letras y estas en palabras para relatar una experiencia personal en estos días de incertidumbres y desasosiegos, cuando no de pánico, que estamos viviendo.

A diario hemos salido a aplaudir a nuestros héroes sanitarios, categoría que hemos extendido al resto de profesionales que están velando y trabajando por nosotros. Todos, sin excepción -agricultores, ganaderos, transportistas, taxistas, cuerpos de seguridad, bomberos, trabajadores de gestorías, de entidades financieras, de establecimientos de alimentación, de oficios varios, cuidadores…- se merecen nuestro reconocimiento, nuestro agradecimiento y nuestro afecto sincero.

Me detengo en los primeros, en los profesionales de la Sanidad, por tratarse de la historia vivida. Es estremecedor visualizar en las televisiones las condiciones en las que han desarrollado su trabajo estos profesionales en los hospitales, confeccionándose sus ropas de trabajo, durmiendo por los suelos, sin descanso y aplaudiendo a sus pacientes cuando les daban las altas y marchan para sus casas.

Y no ha ha trascendido del todo, algún atisbo ha habido, lo más duro por lo que han tenido que pasar: decidir a quién atender y a quién no. Algo para lo que no se han formado, ya que lo habitual es que la Medicina se plantee conservar la vida, sin detenerse a pensar en la 'calidad' -o edad- de lo que preserva.

“La Medicina no se aprende solamente en los hospitales y en los laboratorios, viendo pacientes y estudiando cédulas, sino también en la calle, en los barrios, dándonos cuenta de por qué y de qué se enferman las personas”. Héctor Abad Falciolince: 'El olvido que seremos'

Quisiera, sin embargo, detenerme en esos otros profesionales de la Sanidad que no hemos visualizado en las televisiones: los profesionales de los centros de Atención Primaria, los que nos cogen siempre el teléfono y resuelven nuestras dudas, realizando infinidad de llamadas y videollamadas, acudiendo a nuestros domicilios sin la protección debida y poniendo su vida por encima de la nuestra acatando su juramento hipocrático.

Ese juramento que “… Michel de Montaigne tan bien supo plasmar en sus Ensayos: autonomía, beneficiencia, no maleficiencia y justicia, que hoy forman parte del esqueleto de la Bioética según los formularon los pioneros T.L. Beacuchamp y J.F. Childress, en 1979 y jerarquizados posteriormente por el bioético español Diego Gracia en 1991. Javier Mina: 'Montaigne y la Bola del Mundo'.

No son baladís los conceptos anteriormente indicados si se observa lo que está sucediendo en este colectivo de profesionales. De las 200.000 personas que han dado positivo en la prueba de PCR, la única de referencia oficial, más de 31.000 son profesionales de la Sanidad.

Y, si atendemos a los que desgraciadamente se han ido, (When wake up in Glory) de los setenta y seis profesionales fallecidos (El Español, 16/05/2020), veintiocho eran profesionales de Atención Primaria; y de ellos, veintidós eran médicos de esa primera línea del frente.

De ahí este pequeño reconocimiento que es consecuencia, además, de una experiencia personal.

Alguno de los que han pagado con su vida sus desvelos por nosotros, y que ahora aplaudimos, posiblemente hayan sido objeto de denuncias, agresiones o, cuando menos, desconsideración.

En la era de Internet todos nos sentimos con conocimientos superiores al de nuestros propios facultativos y no dudamos en acusar y denunciar con demasiada ligereza al encontrarnos en una sociedad extremadamente judicializada. Por lo tanto, como nos están reclamando ellos, además de los aplausos, más comprensión.

Este médico de familia que en las consultas no dispone de tiempo siquiera para recetarnos y que se encuentra sometido a la tiranía del reloj, es el que ha conseguido empatizar con nosotros y el que, lejos de las antiguas relaciones entre médico y paciente, nos trata de igual a igual. Es el médico que sufre por y con nosotros, porque en atendernos pone todo su empeño y todo su corazón.

Los profesionales de Atención Primaria, y especialmente los médicos, se han hecho más grandes y más nobles en la calamidad. He podido comprobar su gentileza, su amabilidad, su simpatía, su afecto y, sobre todo, su pericia al diagnosticar acertadamente que las sintomatologías que se estaban presentando hacia el mes de enero, como me consta personalmente, no se correspondían con las de una “gripe algo rara”, sino que era algo más...

Y esa perspicacia diagnóstica ha sido un factor determinante en la lucha contra este maldito virus.

Después, han seguido llamando y preocupándose de la evolución de sus pacientes. Su sonrisa y buen trato no es que hayan salvado vidas, pero si han ayudado, sin duda, a vivir. Y han conseguido que a la mayoría de nosotros nadie nos haya quitado nuestra primavera y tampoco nos hayan podido “robar nuestro mes de Abril”.

Con mi consideración, a treinta de mayo del año, de la nueva era, 2020.

Nota: En este pequeño escrito hay referencias y, en ocasiones, copias de algunas partes del libro de Javier Mina 'Montaigne y la Bola del Mundo.

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