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De engaños y propagandistas

De engaños y propagandistas

Fernando Rovetta Klyver, profesor de la UCLM y miembro de la Asociación Iberoamericana pro Derechos Humanos-CLM.

miércoles 17 de junio de 2020, 11:59h

Miércoles 17 de Junio de 2020.

No hace mucho tiempo publiqué, en este periódico, dos artículos sobre el nacionalcatolicismo.

En el primero señalaba como una de sus señas de identidad el fusionar lo político con lo religioso, lo que va en contra de la política Constitución de 1978, art. 16 y también de la religiosa Constitución Gaudium et Spes 9 (1965).

En el segundo, destacaba que -desde esa confusión- se produjo también una simplificación de la realidad política del momento: porque el nacionalcatolicismo español identificó como enemigo al totalitarismo de Stalin, pero aceptó como aliado al totalitarismo de Hitler, pese a que desde el Vaticano se había cuestionado a ambos en sendas Encíclicas.

Con preocupación leí el sábado 6 de junio, un artículo publicado por este periódico con el título “La próxima vez que no te engañen”. En él encuentro planteado por un laico, de un modo acaso más sutil, el nacionalcatolicismo que con entusiasmo manifestó un párroco de la misma ciudad. Su autor, D. Rafael Cano García, se presentó como abogado y miembro de la Asociación Católica de propagandistas en Talavera.

Para demostrar el sesgo nacionalcatólico de su discurso lo resumo en 3 momentos, como si de un silogismo se tratara. Como premisa mayor, comienza con una cita de la Caritas in veritate 71 de Benedicto XVI (2009), aludiendo a la necesidad de “hombres rectos” para lograr “el bien común”.

Luego, como premisa menor, identifica dos ideologías extremas: liberal/capitalista y social/comunista, cuyas versiones moderadas admitirían políticas sociales y libertad de mercado, respectivamente.

A partir de este marco, y a modo de conclusión, pasa revista a los sucesivos presidentes del PSOE y PP desde la transición, para luego detenerse en la crítica al actual gobierno: el sr. Sánchez habría plagiado su tesis doctoral, el sr. Iglesias “pretende la instauración de un régimen comunista bolivariano”.

Luego afirma: “El sr. Casado intenta aglutinar, como lo hiciera Aznar, a los votantes a la derecha del PSOE”; cuestiona a Ciudadanos (partido por el que fue candidato al Senado) por su giro a “la extrema izquierda en cuestiones de tinte social”, y considera que Vox es un partido “conservador… y constitucionalista.”

Este modo de presentar el escenario político contrasta diametralmente con el de los ponderados artículos que publica la actual concejala de Ciudadanos, Da. Susana Hernández del Mazo, como el del lunes 8: “Ciudadanos, a ver si nos entendemos…”.

Por ello, había pensado terminar este comentario preguntándome: ¿estará su autor anticipando una posible migración hacia Vox, por verlo como una alternativa más viable para llegar al Senado? Pero opto por continuar analizando su texto para invitar a D. Rafael a un diálogo, porque entiendo que siempre es mejor que monólogos en paralelo.

En su premisa menor, Ud. presentó dos extremos ideológicos pero en su conclusión sostiene que, aquí y ahora, sólo hay uno. En el escenario político actual, es la extrema izquierda la que está en el gobierno y, en la oposición, sólo habría partidos de derecha o conservadores, “que no de ultra derecha”.

En esta última valoración encuentro un curioso paralelismo con aquella negación nacionalcatólica del totalitarismo nazi: en recientes concentraciones de Vox la nostalgia por el “régimen autoritario” se manifestó con banderas preconstitucionales y brazos en alto.

Por otra parte, la rapidez con la que pasa de su premisa mayor a la conclusión hace pensar en la peligrosa y anticonstitucional fusión entre lo religioso y lo político. Esto se refuerza al presentarse como representante de una Asociación Católica de Propagandistas para hacer una propuesta política.

La Congregatio de Propaganda Fidei fue creada por Gregorio XV en 1662 para actuar en países no católicos. Cabe sospechar que: o se equivocó de ámbito de actuación, o la propaganda que realiza no es de fe sino de ideología nacionalcatólica. Es muy preocupante su modo de presentar a la segunda “República que distó mucho de ser ejemplar y desembocó en una de las páginas más negras de nuestra historia, la Guerra Civil".

No obstante, comparto con Ud. el calificativo aplicado al actual capitalismo: “salvaje”; pero entiendo que se queda corto al diagnosticar que las “injusticias que genera… requieren correcciones”. La desigualdad entre ricos y pobres, la destrucción del ecosistema, la carrera armamentista, los paraísos fiscales, la corrupción, las puertas giratorias no son accidentes del sistema capitalista, son esenciales al mismo.

Ya que -como premisa mayor- mencionó al Papa emérito, le invito a aggiornarse con un fragmento del actual: “Así como el mandamiento de `no matar´ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir `no a una economía de la exclusión y la inequidad´. Esa economía mata" (Francisco, 2013: Evangelii gaudium 53).

Le invito también a profundizar en su premisa menor. Hemos asistido, en las últimas décadas, a la metamorfosis de la soberanía que pasó de ser un atributo del Estado a serlo del Mercado, particularmente el financiero. Se atenta contra el ecosistema y la producción agrícola-ganadera sostenible para instalar macro-granjas que destruyen la biodiversidad que protege de virus (R. Wallace, 2020), como el que actualmente ha proliferado como pandemia. No son suficientes meras correcciones al capitalismo; es vital sustituirlo.

Dado que mi tesis doctoral versó sobre autores del Siglo de Oro entre los que creo poder demostrar que surgió una teoría política alternativa al “individualismo posesivo” y al “colectivismo productivo”, intentaré presentársela.

El capitalismo tiene su fundamento teórico en el “individualismo posesivo” que cultivaron Hobbes y Locke desde el s. XVII. Para ellos toda propiedad privada era un derecho natural, sagrado inviolable e ilimitado, incluía también segundas viviendas o latifundios. El “colectivismo productivo” desde el s. XIX negó que sea un derecho fundamental la propiedad privada de los medios masivos de producción.

Ante tales alternativas, ya en el s. XVI, los teóricos españoles de la economía, como Molina, o del derecho, como Vitoria, desde un “personal(gent)ismo comunicativo”, admitían la propiedad privada como un derecho de gentes (hoy derecho humano) con límites: los que fijara la necesidad. Dicho de otro modo, solo la propiedad de la vivienda que habitas es un derecho fundamental y debe ser garantizada por el Estado.

Las segundas viviendas pueden ser tu propiedad pero, al no ser ya derecho fundamental, pueden ser gravadas con impuestos graduales, como los que actualmente propone Thomas Piketty (2013) en El Capital en el s. XXI. Si se adoptara este criterio, aumentar la tasa impositiva a los que más ganan -lo opuesto a lo que ocurre en países industrializados- habría presupuesto suficiente para garantizar vivienda (léase: lugar donde vivir dignamente) a todo trabajador y no habría que desahuciar a nadie.

Como Ud. sabe, la Ley Hipotecaria que hizo posible tantos desahucios y cláusulas contractuales abusivas se origina en el Decreto de 8 de febrero de 1946. En ella se contemplaban dos modos de garantizar el pago de la deuda: con “la responsabilidad personal ilimitada del deudor de responder con todos sus bienes, presentes y futuros…” (art. 105, que no lo dice explícitamente, sino remitiendo al Código Civil, a.1911) o, conforme a lo que hoy llamamos dación en pago: “que la obligación garantizada se haga solamente efectiva sobre los bienes hipotecados” (a. 140).

El bipartidismo no pareció advertir que todas las entidades financieras ofrecían hipotecas conforme al artículo menos garantista, el 105. Tuvo que ser la abogada general Juliane Kokott, del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, la que el 8 de noviembre de 2012 declarase este sistema de cobro de hipoteca como “incompatible con la Directiva 93/13” respecto al derecho del consumidor.

Este ejemplo de la voracidad del sistema capitalista, que llegó a provocar suicidios, podría también completarse con la agresiva compra de viviendas por “fondos buitres”, que encarecen el precio del alquiler y expulsan a los trabajadores hacia zonas periféricas o infraviviendas.

El fundamento teórico de esto lo encontramos en Bentham, cabal representante del “individualismo posesivo” a fines del s. XVIII, cuando hizo una apología de la usura, como humilde derecho injustamente olvidado el que, a su vez, remitía al principio de auto-preferencia por el que: todo agente en el mercado busca el máximo beneficio para sí con independencia del beneficio o perjuicio que cause a los demás, a uno sólo o a todos.

He aquí el dogma del credo neoliberal o del capitalismo “salvaje” que no admite ni la Tasa Tobin (de un 0,01% sobre los flujos financieros a corto plazo) y que Ud. propone enmendar con meras correcciones.

Me temo que, más que un silogismo, su discurso nos presenta dos falacias: la de verecundiam o apelar autoridad de otra área, porque de su premisa mayor nada puede concluir, a riesgo de confundir lo político con lo religioso; como tampoco de la menor, porque al simplificar el escenario político incurre en pars pro toto.

Rafael, Ud. fue concejal por el PP y luego candidato por Cs, cuyos anteriores concejales fueron expulsados del partido. Todo lo anterior me refuerza la pregunta que ya formulé, está en su derecho si pretende migrar más a la derecha. Pero sería impropio de un “hombre recto”, o todo un engaño, que -para lograr una legítima aspiración política, como acceder al Senado- se valiera de una Asociación Católica de Propagandista de la fe.

En realidad, creo que ello le quitaría credibilidad a su discurso. Por el momento, me temo que el mismo manifiesta una alarmante versión -presentada por un laico- del nacionalcatolicismo que, como un cáncer, no sólo deterioró la política y la religión en España sino que hizo metástasis hacia América Latina.

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