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Ataque al sistema desde dentro del sistema

Ataque al sistema desde dentro del sistema

Óscar Muñoz Martín, ciudadano libre y superviviente del COVID-19

miércoles 12 de agosto de 2020, 11:12h

Cuando una persona, colectivo o partido político sostiene en su discurso lo que es bueno pero hace lo contrario, aunque tal vez me equivoque, creo que podríamos entrar en el terreno de la doble moral.

Cuando se normaliza la mentira en el ámbito de la política, en la que algunos han adquirido el 'Cum Laudem' a la hora de seducir a su electorado, también debería normalizarse que una parte importante de la población, afín o no, pueda sentirse por lo menos incómoda ante semejantes malas artes, y que a su vez pueda hacer uso de su libertad de expresión para criticar semejantes acciones sin ser objeto de una censura casi institucionalizada, como estamos viendo últimamente con algunos periodistas no afines al régimen.

Si a la mentira y a la doble moral añadimos que algunos discursos han sido empíricamente falsos, aunque la pretensión sea lo contrario, maquillando y dulcificando errores o echándole la culpa al mismísimo 'Lee Oswald', si hace falta, con tal de no admitir responsabilidades, creo que podríamos entrar también en el terreno de la hipocresía. Término del latín asignado a grandes actores y actrices, y que los griegos lo utilizaron para señalar a las personas que actuaban así en su vida cotidiana.

Tanto en la antigüedad como en la actualidad, si detectamos a un hipócrita se le desacredita y suele ser motivo de desconfianza por parte de la comunidad. El problema surge cuando uno o un conjunto de hipócritas son los que deciden sobre los designios de los demás en cualquier ámbito de la vida.

Esto viene a colación del mendaz e hipócrita epidemiólogo español Fernando Simón, el cual desertó de su juramento hipocrático con sus acciones, declaraciones y en sus constantes apariciones. La última ha sido la de los más de 50 expertos que decidieron sobre la desescalada de los españoles que otorgaron privilegios a territorios amigos y fueron inflexibles con los que no lo eran.

Me quiero imaginar que habrán sido estos mismos expertos, o los fantásticos asesores del slogan 'De esta salimos más fuertes', quienes han diseñado la estrategia de delegar nuevamente la responsabilidad a los 17 modelos de salud, ya que no hay nada mejor que crear un problema para que luego 'papá Estado' venga a solucionarlo; es de manual.

El diario 'El País' publicó el 7 de agosto que un grupo de prestigiosos científicos e investigadores españoles han firmado un manifiesto común para solicitar una “Evaluación independiente e imparcial, por un panel de expertos internacionales y nacionales” sobre la prevención y gestión del COVID en España.

Este mismo periódico, en su edición de fecha 26 de julio, publicó que la pandemia había causado 44.868 fallecidos, datos que habían obtenido a partir de registros autonómicos y los estudios realizados por tres organismos públicos: el Instituto Carlos III, el Instituto Nacional de Estadística y la Asociación Española de Profesionales y Servicios Funerarios. Yo me atrevería a añadir a un quinto organismo, los Registros Civiles.

Pronto en estos organismos les harán un 'Tezanos' o una 'Dolores Delgado' para corregir estos desfases, como diría el falaz Simón. Mientras esto ocurre, 16.500 españoles y españolas nunca serán oficialmente víctimas del COVID-19.

Estos anónimos nombres, apellidos, con historias y familias, han muerto en soledad, sin sepelio digno, y se quedarán sin funeral de estado, tras el oficiado el 17 de julio para dar carpetazo a un asunto que les traerá de cabeza. No obstante, me llama sumamente la atención que los líderes que han diseñado esta estrategia asistan de negro, con caras de aflicción a estos actos de reconocimiento, por lo que creo que la definición de hipócritas vendría al pelo.

Pero no hay nada mejor para tapar las vergüenzas propias que sacar las del resto. De esta manera, la maquinaria del régimen se pone en funcionamiento, con Fiscales y Abogados del Estado, ahora Policía Judicial y CNI, CIS, socios de gobierno, socios nacionalistas, socios golpistas, televisiones, radios, redes sociales, palmeros...

Y, por primera vez en la historia reciente, todo un vicepresidente y algunos ministros del gobierno, todos dechados de moralidad, se han conchabado para condenar al emérito Rey y a la Institución que representa. Aquí no vale el adjetivo de presunto o supuesto, según el engranaje oficialista se es culpable, ya que actúa como juez y parte.

No obstante, esta cortina humo pretende matar a dos pájaros de un tiro. Lo primero, desviar la atención sobre sus miserias en labores de prevención y gestión durante la pandemia; y lo segundo, atacar a otro pilar del Estado como es su Jefatura, y además desde dentro del propio Estado.

Saben en muy bien sobre el blindaje que ofrece el Titulo X de la Carta Magna, por eso les impide conseguir sus objetivos por las vías legales y con la premura necesarias. Sólo buscando un símil con las elecciones municipales de abril de 1.931, serían capaces de conseguirlo, de tal manera que, como en la película de los Inmortales, sólo puede quedar uno, y ya lo tienen.

Me gustaría saber si los que han escrito a su militancia para que esto parezca un accidente les han aclarado que han abandonado el espíritu de Suresnes-1974 o el camino de la II Internacional, cosa que también se debería explicar a los votantes de Castilla La Mancha, Extremadura, Castilla y León, Andalucía y el Levante para que luego no se lleven a engaño y si votan que lo hagan con todas las consecuencias; también deberían hacer reflexionar a diputados y senadores si este es el camino a seguir.

Creo que lo verdaderamente importante para un gobernante es que sus palabras vayan acordes con sus hechos, y que mantenga coherencia y honestidad entre el planteamiento de su discurso, su vida personal y las políticas finalmente aplicadas.

Ya que nunca me quito de la cabeza el cuadro de Goya 'Duelo a garrotazos', considero que el español tiene ese instinto en lo más primitivo de su ser... Me remito a nuestra historia para el que la quiera leer, recordando que leer perjudica gravemente a la ignorancia.

Y, aunque podré estar equivocado, que cada uno analice estas reflexiones y objetivamente las coteje con la realidad, para que luego, en el uso de su libertad individual y disfrutando de la paz social que nos dejaron nuestros padres y abuelos en 1978, saque sus propias conclusiones.

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